Mal de Chagas

Vinchuca cero en Pampa del Indio

tapa — por el 18/12/2018 a las 12:08

Son alrededor de quinientas viviendas de pobladores qom en el Chaco, que luego de fumigaciones y controles, lograron quedar libres del agente transmisor de la enfermedad de Chagas, en un trabajo dirigido por científicos de Exactas UBA con apoyo nacional, provincial y local. Los investigadores convocan a no relajar los controles para evitar que el insecto pueda volver.

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“Antes, no se podía dormir porque las vinchucas te picaban toda la noche. Ahora, podemos descansar pues ya no hay más”, testimonia un poblador de la comunidad qom de Pampa del Indio, en el norte de la provincia de Chaco. Él es un habitante de las aproximadamente quinientas viviendas, en su mayoría de adobe, que fueron fumigadas y controladas en un trabajo dirigido por un equipo de científicos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, que llevó más de siete años de seguimiento. En 2008, la cifra de casas infestadas con el insecto transmisor de la enfermedad de Chagas ascendía al 32%; al año siguiente, bajó a casi 1%; y, más recientemente, a cero.

“Nuestros resultados refutan el supuesto de que las acciones de control de vectores realizadas en comunidades marginadas del Gran Chaco están condenadas al fracaso”, destacaron Sol Gaspe, Yael Provecho, Pilar Fernández, Claudia Vassena, Pablo Santo Orihuela y Ricardo Gürtler en la revista científica PLOS Neglected Tropical Diseases. No fue fácil, y ellos saben que este éxito se debe cuidar y mantener en el tiempo para quitar del lugar a este insecto marrón de unos tres centímetros de largo. Si bien este animal es pequeño resulta preocupante dado que puede estar cargado del parásito Trypanosoma cruzi, causante de la enfermedad de Chagas, con un millón y medio de afectados en la Argentina, según estimaciones del Ministerio de Salud de la Nación.

“La gente de lugar, en general, sabe que la vinchuca trae una enfermedad, pero ellos convivieron tantos años con ella que la tenían naturalizada”, describe Gaspe, desde el Laboratorio de Eco-Epidemiología de Exactas UBA, quien inició tímidamente sus primeras visitas a Pampa del Indio por 2007 para hacer su tesis doctoral en biología, y hoy se siente en familia cuando recorre los poblados de la comunidad indígena. Ella es del grupo de “los vinchuqueros”, como los llaman en el lugar.

Los “vinchuqueros”

Cada año, la escena es la misma en alguno de los cuatro sectores de la zona rural de Pampa del Indio, donde llevan adelante la tarea. Días de 40°C o más en verano, con un sol que parte la tierra, y una polvareda que dejan las camionetas del equipo científico a poco de arribar a cada uno de los hogares en busca de vinchucas. “¿Ustedes vieron alguna?” es la pregunta obligada y ya su carta de presentación para quienes aún no los conocen. Luego de las explicaciones de rigor, que en algunos casos requiere de intérpretes locales como los agentes sanitarios, los investigadores junto con técnicos de los Programas Nacional y Provincial de Chagas recorren las piezas, gallineros, depósitos y todo lo que encuentran a su paso con la ayuda de un insecticida de baja concentración, que irrita a los insectos y los obliga a salir de sus refugios.

Así encontraron en 2008, que el 31,9% de las viviendas contaban con vinchucas. “Ese porcentaje se registraba en su mayoría dentro del domicilio, porque los qom no suelen tener muchos corrales o gallineros, lo cual favorece la transmisión de la enfermedad de Chagas pues significa que el insecto está en contacto directo con la gente”, relata Gaspe, del Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (UBA-CONICET).

La revisación era minuciosa en cada rincón de la vivienda. “Miramos desde el árbol donde se sube la gallina -ejemplifica-, hasta debajo del colchón”. Ninguna ventaja se le puede dar a la vinchuca, que a la noche sale de las grietas de las paredes de adobe u otros recovecos para alimentarse de sangre humana o de animales domésticos y de corral. Luego de picar a la víctima, defeca, y si porta el parásito, el afectado al rascarse permite el ingreso del Trypanosoma cruzi a su organismo.

El primer paso de los “vinchuqueros” no sólo consistía en detectar al insecto, sino en atraparlo con la colaboración de técnicos del Programa Nacional y Provincial de Chagas. “Luego de colectarlo, lo estudiamos en un laboratorio de campo: determinamos su especie, lo medimos, pesamos, evaluamos su estado nutricional, analizamos si portan T. cruzi y después lo congelamos para hacerle estudios genéticos, por ejemplo. A otros, en cambio, los dejamos vivos para realizar los ensayos de resistencia a los insecticidas, en colaboración con el Centro de Investigaciones de Plagas e Insecticidas (UNIDEF-CONICET)”, precisa Gaspe.

Vencer dificultades

Junto con los técnicos de los Programas Nacional y Provincial de Chagas, el siguiente tramo de la tarea fue fumigar las instalaciones del poblado con piretroides autorizados por Salud Pública. En esta misión, no se olvidaron de cierta resistencia incipiente de la vinchuca al insecticida, que habían registrado en distintas experiencias y que los había obligado a hacer algunos cambios. Finalmente,  pasado un año del rociado completo de las viviendas, el equipo científico regresó a la zona para tomar nota de los resultados.

“Volvimos un año después, sabiendo que las casas mostraban alta vulnerabilidad, la gente no hacía cosas para evitar que hubiera vinchucas, y encima éstas parecían resistir al insecticida”, relata Gaspe y a renglón seguido agrega: “Hallamos sólo tres casas infestadas, o sea el 0,7%. Seguimos haciendo evaluaciones todos los años y los números se mantenían”. Aun más, en los últimos controles no encontraron ninguna vivienda con estos insectos.

Si bien el equipo no ocultaba su satisfacción por los resultados, les parecían en parte llamativos y quisieron indagar en este aspecto. “Este trabajo muestra un éxito contrario a todas las expectativas y trata de analizar otras cosas que podrían estar pasando junto con el rociado –que nosotros hicimos- para favorecer la ausencia sostenida de vinchucas”, comenta Gaspe.

¿Algunos de los posibles motivos?  En esa zona, la comunidad qom mostraba una particularidad que a los investigadores les llamaba la atención. Para corroborar sus observaciones llevaron adelante censos en 2012 y 2015. “Veíamos –precisa- que los pobladores hacían mucho recambio de viviendas, y se mudaban a poca distancia del sitio original. Ellos tiran abajo la (primera) casa, y levantan otra nueva en la cercanía”. ¿Esta característica podría influir? “Al destruir todo, es posible que tenga un efecto negativo sobre las vinchucas pues quedan pocos individuos y quizás no les alcance para recuperarse y formar una población nueva de insectos”, indica.

Otro cambio en la zona también fue estudiado por los científicos para saber si podría explicar la baja de la infestación en esta sección de Pampa del Indio. “En los últimos años hubo planes del gobierno para mejoramiento de viviendas. Construyeron casas de material, totalmente revocadas. Esto ayudó pero tampoco fue suficiente, porque la gente mantiene su casa de barro. Es su cultura, están acostumbrados, y son más frescas. Usan las casas de material para guardar cosas o duermen algunos integrantes de la familia. Pero otros -en especial los mayores-, siguen en las de adobe”.

La comunidad qom no acostumbra a tener corrales o gallineros, sitios donde habitualmente se refugian las vinchucas. “Al estar la mayoría de los insectos en el interior de los domicilios, los rociados suelen ser más efectivos al estar protegidos del sol y de la lluvia”, puntualiza. Todos estos elementos dan “una muestra de la complejidad de los procesos y de los elementos que pueden estar jugando en el lugar”, subraya.

Mientras el equipo busca reproducir este éxito en otro municipio de Chaco, en Avia Terai, no descuida a Pampa de Indio. “El desafío final es sostener estos niveles de 0% de infestación. No relajarse y estar atentos porque la vinchuca puede volver”, advierte Gaspe. En este sentido, los investigadores llevaron adelante talleres con los agentes sanitarios, escolares y gente del lugar  para estimular que, ante la presencia del insecto, deben dar aviso a las autoridades con el fin de adoptar de inmediato los recaudos del caso. “La idea es instalar una vigilancia basada en los recursos locales y en la comunidad”, concluye.

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