Chagas

Esperar no es una estrategia

En un municipio chaqueño, un grupo de investigación comprobó que, después de una década sin fumigaciones, la resistencia de las vinchucas a los insecticidas sigue intacta. Se trata de un hallazgo científico que desafía la idea de que el tiempo, por sí solo, puede revertir la adaptación del insecto al veneno.

16 Sep 2025 POR

Desde hace casi veinte años, las investigadoras e investigadores del Laboratorio de Eco-Epidemiología (LE) de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA (Exactas UBA) trabajan en los límites de El Impenetrable chaqueño. Hacia allí van regularmente para llevar a cabo un programa de investigación y control que tiene por objetivo eliminar a las vinchucas de los hogares para, de esta manera, interrumpir la transmisión doméstica del Chagas.

Fruto del trabajo conjunto con la comunidad, en 2016 lograron eliminar las vinchucas de las casas del municipio de Pampa del Indio. Pero, ese logro está permanentemente amenazado por las poblaciones de vinchucas resistentes a los insecticidas que habitan en Castelli, un municipio vecino. Por eso, una de las líneas de investigación del LE está dedicada a estudiar esos focos de resistencia para poder combatirlos.

En Castelli, dejaron de fumigar en 2014: los rociados oficiales se detuvieron al confirmarse que los insecticidas piretroides -los únicos que pueden usarse desde que se prohibieron los organofosforados para uso domiciliario- no mataban a las vinchucas.

En Castelli dejaron de fumigar en 2014, cuando los rociados oficiales se detuvieron al confirmarse que los insecticidas piretroides no mataban a las vinchucas.

La interrupción de las fumigaciones en Castelli seguía una idea sencilla: sin la presión del insecticida, la resistencia no tendría sentido evolutivo y, con el paso del tiempo, las poblaciones de vinchucas perderían esa ventaja adaptativa; o sea, volverían a ser sensibles al insecticida.

Ahora, el equipo de investigación del LE puso a prueba esa hipótesis analizando el conjunto de datos reunidos hasta el año 2024 en 532 casas de 13 poblados rurales de Castelli.

“Esperábamos que, al dejar de generar esa presión sobre las poblaciones de vinchucas, la resistencia baje. Y lo que nosotros vimos acá, con datos bastante detallados de casi diez años, es que la resistencia sigue siendo muy alta, persiste en los mismos niveles, o muy similares, en las mismas comunidades”, revela Sol Gaspe, investigadora del CONICET en el LE.

El estudio, que acaba de publicarse en la revista científica Medical and Veterinary Entomology, también evaluó la distribución espacio-temporal de las vinchucas resistentes a los piretroides.

Sol Gaspe. Foto: Diana Martinez Llaser

“Comprobamos que la distribución es bastante heterogénea, tanto entre las comunidades como dentro de las comunidades”, cuenta Gaspe, y ejemplifica: “Si bien casi todas las comunidades tienen al menos una casa con muy alta resistencia, hay algunas comunidades que tienen todas las casas muy resistentes y hay otras comunidades que tienen una casa susceptible y otra casa muy resistente a un kilómetro de distancia dentro de la misma comunidad”.

Para los programas de control del Chagas, el hallazgo es más que una curiosidad científica: es un llamado de atención que pone de manifiesto que esperar no es una estrategia.

El foco resistente de Castelli sigue activo y su proximidad con áreas bajo control, como Pampa del Indio, lo constituye en un riesgo latente.

Entretanto, el foco resistente de Castelli sigue activo y su proximidad con áreas bajo control, como Pampa del Indio, lo constituye en un riesgo latente y obliga a diseñar estrategias alternativas para el control de la vinchuca.

“En tanto no dispongamos de nuevos insecticidas aprobados para uso domiciliario, el control sostenible de la vinchuca en este escenario de alto riesgo requiere de un manejo integrado que incluye la modificación de las viviendas y las áreas peridomésticas para que no brinden refugio a estos insectos, el sostenimiento de la vigilancia comunitaria que avisa sobre la presencia de vinchucas y el tratamiento de los perros y de otros animales.”

Es un trabajo paciente, casi artesanal, que combina estudios en el laboratorio con persistencia en el terreno desde hace casi veinte años y que ahora libra una de las batallas menos visibles pero más decisivas contra el Chagas en la Argentina.