Convenio internacional

De acá a la China

actualidad — por el 13/05/2019 a las 13:29

A partir de una acuerdo de cooperación entre el CONICET y la National Science Foundation of China ya comenzaron las mediciones de gases de efecto invernadero en embalses de la Argentina. Actualmente se están llevando a cabo estudios sobre las represas en el río Limay. Asimismo, una investigadora y un investigador argentino viajaron a China para participar en trabajos similares sobre embalses del río Yangtsé.

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Ahora, en plena primavera en el Hemisferio Norte, un investigador y una investigadora de Exactas UBA viajaron a China para tomar, junto con colegas orientales, muestras de agua del Yangtsé, que significa “río largo” y es, por cierto, el más extenso de ese país y el tercero del mundo en longitud. El objetivo es medir gases del efecto invernadero -que generan el calentamiento global- en embalses de centrales hidroeléctricas, en el marco de un acuerdo de cooperación científica entre ambas naciones. A principios de este año, equipos de ambos países desarrollaron una tarea similar sobre el río Limay, en la Patagonia argentina.

“A partir de este proyecto con China se están explorando, por primera vez en la Argentina, los flujos de gases de efecto invernadero en embalses. Se trata de cuerpos de agua que aportan gran cantidad de emisiones de estos gases que son los responsables del cambio climático. Estamos trabajando para saber cuánto emiten y cuánto captan de la atmósfera, para determinar ese balance”, señala Irina Izaguirre, quien partió a Oriente junto con Rodrigo Sinistro, desde el Laboratorio de Limnología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

National Science Foundation of China (NSFC) y el CONICET firmaron este acuerdo por cuatro años. “Ya hicimos una primera campaña del proyecto en enero pasado en los embalses Alicurá, Piedra del Águila y Ramos Mexia (Chocón) sobre el río Limay. Nuestros compañeros de China estaban sorprendidos porque nunca en su vida habían visto embalses oligotróficos, es decir, tan transparentes como los del sur”, relata Sinistro.

Los embalses sobre el río Limay, que significa “cristalino” en idioma mapuche, son los  primeros que están siendo investigados desde este punto de vista en la Argentina. Más adelante, también se tomarán muestras en Salto Grande, sobre el río Uruguay. “Es en otra latitud y con niveles elevados de nutrientes y cianobacterias, entonces, será muy contrastantes con los del sur”, coinciden en remarcar ambos investigadores del CONICET.

Con la mirada puesta en dos gases de efecto invernadero: el dióxido de carbono y el metano, el equipo “argenchino” compara por primera vez embalses situados en sitios y con caudales muy diferentes, construidos en distintas épocas. Cuando son nuevos, suelen inundar superficies cubiertas con numerosa vegetación, que queda en el fondo. “Por lo general, esa cantidad de materia orgánica puede provocar, en principio, una gran emisión de metano. Por lo tanto, los embalses más antiguos se supone que deberían emitir menos. Pero, con el tiempo, estos se van eutroficando, o llenando de floraciones, lo que puede provocar un incremento de los gases”, advierte Izaguirre, doctora en Biología.

Asimismo, el fitoplancton y las plantas acuáticas pueden absorber dióxido de carbono durante la fotosíntesis y, de esta manera, compensar el impacto. Son numerosas las variables que entran en juego a la hora de precisar si estos embalses construidos por el hombre aportan más gases de los que capturan. Es decir, si actúan como fuente o sumidero.

María Solange Vera, Sofía Baliña, Sol Porcel, Rodrigo Sinistro, Irina Izaguirre.

María Solange Vera, Sofía Baliña, Sol Porcel, Rodrigo Sinistro, Irina Izaguirre.

“Vamos a Chongquing, una mega ciudad de unos 30 millones de habitantes y, de allí, iremos hacia los embalses del río Yangtsé a tomar muestras durante dos o tres días. Ahora hace mucho calor y empiezan las floraciones de algas”, describe Sinistro, quien, al igual que Izaguirre, tuvieron que  sumar en sus celulares otro sistema de comunicación dado que en China no usan el whatsapp. “Si bien no sabíamos cómo iba a ser, hasta ahora es una muy buena experiencia trabajar con colegas chinos.  El investigador responsable en China, el doctor Zhe Li, habla muy bien inglés porque vivió en Canadá y Estados Unidos, así que todo está fluyendo”, comenta Izaguirre.

Ambos equipos comparten vivencias de dos mundos muy distantes, pero muy cercanos a la hora de sufrir las consecuencias del calentamiento global. Mientras toman muestras, hacen cálculos y observaciones, Izaguirre subraya: “Este trabajo es muy importante porque en algún momento, los países deberán decir ante organismos internacionales si sus embalses están emitiendo o captando gases del efecto invernadero”.

 

Otoño pampeano

Mientras algunos argentinos muestrean en la primavera china, otros integrantes del mismo equipo de Exactas UBA hacen lo propio en la región Pampeana. Es la campaña de otoño. Sofía Baliña, en plena tesis doctoral -dirigida por Paul del Giorgio de la Universidad de Quebec en Montreal y María Laura Sánchez de Exactas UBA-, se embarca en botes por cuatro lagunas bonaerenses para tomar muestras de nutrientes: fitoplancton y clorofila, entre otros. “Estudiamos la concentración de dióxido de carbono y metano  disueltos en el agua y sus flujos de intercambio, así como la liberación de  metano a la atmósfera a través de burbujas. Dejamos en las lagunas colectores de burbujas de metano y, una semana después, los retiramos”, detalla Baliña, de su estudio que forma parte un proyecto de cooperación entre el grupo que dirige Izaguirre y el de Paul del Giorgio.

Se trata de estudios de casos realizados en las lagunas La Segunda, La Salada de Monasterio, El Burro y Kakel Huincul.  “La llanura pampeana tiene más de diez mil lagunas de unas diez hectáreas y hay cientos de miles si se incluyen las mucho menor tamaño. Antes se pensaba que todo lo que fuera cuerpos de agua continentales, como estas lagunas o embalses, no eran importantes en los balances de carbono porque lo principal era lo que ocurría en la tierra y en el mar. Ahora se ha visto en numerosos trabajos que, en estos cuerpos de agua, pasan cosas y hay emisiones, Y que, en algunos casos, no son para nada despreciables”, concluye Izaguirre.

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