Vacunación global contra COVID-19

Un sistema opaco, injusto e ineficiente

actualidad — por el 02/09/2021 a las 12:19

La asesora presidencial, Cecilia Nicolini, fue la protagonista principal de un seminario virtual organizado en Exactas UBA. Durante su exposición, la funcionaria expuso con detalle las enormes dificultades que tuvo que sortear para conseguir vacunas para nuestro país en un mercado global explotado por la pandemia. Reveló inequidades, abusos y hasta la existencia de un mercado negro. Asimismo, ratificó el compromiso del gobierno con el desarrollo de una vacuna nacional.

Cecilia Nicolini. Foto: Zoom.

“Yo creo que este modelo global de investigación, desarrollo, producción y distribución de vacunas está roto. Tiene muchas disfunciones y es totalmente ineficiente para abastecer la demanda global. Eso es lo que claramente estamos viendo”. Esta definición tajante quizás sea la mejor síntesis de la charla que brindó la asesora presidencial Cecilia Nicolini, en el marco de los “Seminarios COVID 2021” organizados por el Instituto de Cálculo y el Instituto de Ciencias de la Computación de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Nicolini, licenciada en Ciencias Políticas, magíster en Comunicación Política e Institucional en el Instituto Ortega y Gasset y MBA en la IE Business School en España, es asesora del presidente Alberto Fernández y está ocupando un lugar clave en las gestiones que viene desarrollando nuestro país para adquirir vacunas contra la COVID-19.

“Muchas veces, se evalúa lo que pasa con la campaña de vacunación en Argentina sin ver lo que está pasando en el mundo. Ya sea con saña o sin saña esto hace que se pierda un poco la perspectiva de lo que se ha logrado en el país”, señaló la funcionaria desde su casa, donde cumplía con el aislamiento obligatorio a poco de llegar de su último viaje a Rusia.

Justamente, el eje central de la charla estuvo centrado en una cruda descripción del contexto internacional en el que se viene desarrollando el proceso de vacunación global y el desigual acceso a las vacunas que provoca.

Hubo un tiempo que fue hermoso

Nicolini comenzó evocando aquellos inicios de la pandemia, cuando muchísimas personas -incluyendo a políticos e intelectuales-, pensaban que la crisis iba a provocar un cambio, una mejora hacia un sistema más justo y solidario. Esa esperanza de origen, duró poco, apenas unos meses, al ver el acceso desigual que tenían los países a los insumos más básicos de protección personal.

“Ahí el optimismo se nos fue a pique”, dijo Nicolini con cierta tristeza. Y recordó: “Había que adquirir de forma rápida y segura los elementos de protección personal en países como China o Corea del Sur. Entonces, se empezaron a ver las primeras miserias. El precio del flete internacional se quintuplicó, era casi imposible de pagar. Y luego, aparecieron esas historias de cargamentos enteros que eran incautados en aeropuertos intermedios y de personas que ofrecían fortunas para quedarse con respiradores, barbijos o camisolines. Una situación que generaba mucha angustia”.

En ese momento fue que se tomó la decisión urgente de, prácticamente, transformar Aerolíneas Argentinas en una empresa de carga e iniciar una serie de 50 vuelos sanitarios para traer desde China todo el material de protección para el personal sanitario que estaba en la primera línea de la lucha contra la COVID.

La funcionaria también destacó la importancia de tener una industria que rápidamente pudo reconvertirse para empezar a producir muchos de los elementos básicos requeridos para esa etapa, desde alcohol en gel, barbijos, guantes y camisolines, hasta respiradores mecánicos. “El apoyo de la plataforma científico tecnológica fue también muy importante en este sentido”.

Sin vacunas no hay paraíso

Semanas más tarde, y al compás de los avances en el desarrollo de las vacunas, el tema comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante en la agenda política internacional y en una de las periódicas reuniones del G20 el presidente Alberto Fernández comenzó a proponer que las vacunas contra la COVID-19 deberían ser consideradas como un bien público de acceso universal. “Todos los presidentes parecían estar de acuerdo. Pero bueno, una cosa es decirlo y otra es llevarlo a la práctica”, señala Nicolini con cierta ironía.

“Todo lo que es el desarrollo de vacunas es algo que debemos festejar. Sobre todo el tiempo récord en el que se han conseguido vacunas eficaces. La cuestión es: ¿muy rápido para quiénes?”, se pregunta, filosa, y en seguida remata: “Una vez más, en este mundo, el problema no es la producción de riqueza sino la distribución y el acceso a esa riqueza”.

La funcionaria hizo referencia a estudios que indican que nueve de cada diez personas en los países pobres no van a tener acceso a la vacuna en todo este año. Y que una quinta parte de la población mundial no va a tener acceso hasta 2022. “La disparidad que existe entre los distintos países es realmente muy preocupante. Y una de las grandes críticas que nos tenemos que hacer es por qué no estamos pudiendo dar una respuesta eficaz a nivel global”.

Otro de los aspectos que hacen a la inequidad del sistema es el relacionado al costo de las vacunas. Algunas de las empresas farmacéuticas ofrecen vacunas a precios diferenciales de acuerdo con el país que negocian. “Si bien no contamos con toda la información por el tema de la confidencialidad, sí sabemos que el tiempo jugó un rol importante como moneda de cambio. Es decir, si uno pagaba mucho dinero podía tener vacunas antes que el resto”. Como ejemplo, Nicolini citó el caso de Israel que pagó un costo altísimo por sus vacunas y eso le permitió recibirlas antes que nadie. “Esto, realmente, no es para nada justo”, se lamentó.

Nicolini contó que, en el caso de la Argentina, el Estado pagó -y así fue publicado- en el caso de la Sputnik V, 9,95 dólares cada dosis, y alrededor de 5 dólares las de Oxford AstraZeneca. Sin embargo, debido a cláusulas contractuales de confidencialidad no podía informar sobre los valores de las otras vacunas. “Nosotros le hemos pedido a los diferentes laboratorios la posibilidad de dar a conocer los precios y estamos trabajando en generar una plataforma pública con toda esa información, pero para eso ambas partes tienen que estar de acuerdo”.

Un elemento clave que podría mejorar el funcionamiento del sistema está relacionado con impulsar una mayor transferencia de tecnología para elaborar vacunas en países de rentas medias y bajas que tienen capacidades productivas y que podrían dar una respuesta más ágil a la necesidad del suministro. Para la asesora presidencial, si bien es cierto que el proceso de transferencia es complejo, es falso que no se pueda hacer más rápido. “Muchos sostienen que la escasez de vacunas, en algún sentido, es artificial porque no se está haciendo todo lo posible para que haya una mayor producción y distribución del producto”.

Para Nicolini resulta evidente la necesidad de generar marcos de negociación internacional más transparentes en torno a la oferta y demanda de vacunas. “Muchas veces, uno está impedido de revelar cuáles son las exigencias a la hora de firmar un contrato, porque aquellas empresas que tienen el monopolio del producto establecen cláusulas de confidencialidad que impiden hacer públicos los acuerdos. Eso debilita el poder de negociación de los estados”, reconoció. Y añadió: “Países con menos poder de negociación que Argentina se ven obligados a pagar precios más altos o poner en riesgo sus intereses soberanos. Es muy grave”.

Este escenario de opacidad, sumado a la situación de extrema necesidad, dio lugar a situaciones insólitas como la generación de un mercado negro de vacunas. “A mí me tocó vivirlo de manera directa. La cantidad de ofertas que he recibido, y también otra gente, de ‘intermediarios’ que te ofrecían vacunas a precios exorbitantes fue enorme. Por ejemplo, una vacuna que valía 5 dólares te la vendían a 38 dólares. Era realmente vergonzoso”.

En ese panorama caótico que da lugar a un ecosistema particularmente propicio para que los poderosos saquen ventaja, la funcionaria llamó la atención sobre un aspecto fundamental y remarcó que, según diversos estudios, más del 90 por ciento de los recursos destinados para investigación y desarrollo en el sector farmacéutico y biotecnológico provienen de los estados. “Hacia el futuro tenemos que analizar qué tipo de rédito social debería tener esa inversión pública. Creo que el retorno de esos fondos aportados desde los bolsillos de los ciudadanos debería materializarse, por lo menos, en el cobro de precios justos”.

Para cerrar este segmento de la charla, Nicolini recurrió a una frase que utilizó a modo de conclusión: “Siempre se repite esta idea de que mientras no se vacune a toda la población del mundo no vamos a salir de esta pesadilla. Bueno, para lograr ese objetivo es imprescindible cambiar el modelo de acaparamiento y de opacidad que hoy rige el mercado global de vacunas”.

Made in Argentina

En el tramo final de su exposición, la funcionaria se abocó a un tema que calificó como “una prioridad absoluta del gobierno”: la fabricación nacional de vacunas. En primer lugar, se refirió a los esfuerzos por llevar adelante la producción del ciclo completo de inoculantes desarrollados en otros países. En esta línea, adelantó que el grupo Sinergium mAbxience, que produce el antígeno de la vacuna de AstraZeneca, está analizando la posibilidad de avanzar hacia el ciclo completo. “Lo hemos dialogado con el equipo de AstraZeneca cuando estuvimos en el Reino Unido. Las capacidades están y creemos que se va a hacer realidad”.

Por otro lado, Laboratorios Richmond, donde se está realizando el fill and finish de la Sputnik V, cerró exitosamente el fideicomiso para la construcción de una nueva planta que podrá producir el ciclo completo de una o más vacunas, incluso de diferentes plataformas. “Si todo avanza bien, vamos a reforzar mucho estas capacidades durante el año próximo”.

Finalmente, Nicolini aseguró que el gobierno tiene la decisión de hacer todo lo que esté a su alcance para que nuestro país desarrolle una vacuna completamente nacional. “Es primordial que Argentina pueda concretar sus propias plataformas porque se espera que ésta no sea la última pandemia y tenemos que estar preparados para dar una respuesta más ágil. Por eso resulta estratégico que nuestro país no sólo pueda desarrollar sus propias vacunas sino que se necesita una industria robusta para poder escalarla y abastecer el mercado local y, por qué no, convertirse en un polo biotecnológico para el toda la región”, concluyó.

La dosis de la discordia

Todos esperaban que se hiciera esta pregunta y la pregunta llegó: ¿Por qué se demoró la segunda dosis de la Sputnik V? Nicolini explicó que esta vacuna se basa en un enfoque de adenovirus recombinante heterólogo que utiliza adenovirus 26 (Ad26) y adenovirus 5 (Ad5) como vectores para la primera y la segunda dosis respectivamente. El retraso se produjo por una cuestión biológica productiva por la cual el Ad5 es tres veces menos rendidor que el Ad26 en el momento de fermentarlo. “Lo que hizo Rusia fue asignar una mayor cantidad de plantas a la producción específica del Ad5 para compensar esa diferencia. Nosotros les propusimos avanzar con el intercambio de vacunas y nos dieron todo su apoyo. Y, además, les ofrecimos dedicar toda la capacidad productiva de Richmond para producir el componente 2. De esta manera vamos cubriendo ese desfasaje y estamos completando los esquemas de todas las personas”.

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