Repelentes

No me moleste mosquito

Claudio Lazzari, biólogo argentino radicado en Francia, ofreció una charla en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA sobre repelentes de mosquitos. Afirmó que el DEET sigue siendo el producto más eficaz aunque todavía no se comprende su mecanismo de acción. Qué problemas tienen las opciones naturales y qué perspectivas asoman para desarrollar una nueva generación de repelentes.

16 May 2024 POR

Hasta hace pocos días, la escasez de repelentes trepó alto en la lista de preocupaciones sociales. No era para menos: la histórica epidemia de dengue que azotó al país casi quintuplicó los casos de la temporada anterior. Rápidamente, circularon infinidad de tutoriales para preparar repelentes caseros y naturales que, en verdad, no brindan una protección efectiva. El viejo y típico aerosol que contiene DEET sigue siendo el método más eficaz para protegerse de mosquitos, sobre todo ante epidemias.

Acerca de eso y de cómo se están pensando posibilidades para nuevos repelentes se trató la charla “¿Por qué repelen los repelentes?”, dictada por Claudio Lazzari en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA hacia fines de abril y organizada por el Instituto de Biodiversidad y Biología Experimental Aplicada (IBBEA, UBA-CONICET) y el Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental.

Lazzari es biólogo graduado de Exactas UBA y actualmente enseña e investiga en Francia, en la Universidad de Tours, dentro del Instituto de Investigación de Biología de Insectos (IRBI). Sus lazos con Argentina van más allá de brindar charlas, ya que dicta cursos de posgrado y mantiene un fluido trabajo con equipos locales en el marco de un proyecto de cooperación binacional del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia (CNRS) entre el IRBI y el Laboratorio de Neuroetología de Insectos del IBBEA, en el que estudian nuevas formas de repeler mosquitos.

La práctica de cubrir el cuerpo con alguna sustancia para mantener a raya a los insectos no solo es milenaria, sino que excede al humano.

Para el especialista, muchas plantas, como la citronela y la menta, tienen la capacidad de alejarlos. De hecho, la práctica de cubrir el cuerpo con alguna sustancia para mantener a raya a los insectos no solo es milenaria, sino que excede al humano. Algunos monos, por ejemplo, se frotan con las hojas y frutos de pimientos y cítricos. Sin embargo, “una cosa es el efecto de la planta y otra es poder usarlo para protegerse durante un tiempo prolongado contra las picaduras”, alertó Lazzari.

Claudio Lazzari. Foto: Archivo Exactas UBA

Señaló que los repelentes también son muy importantes en la lucha contra enfermedades transmitidas por mosquitos. La estrategia de la OMS contra la malaria y otras enfermedades se basa tanto en controlar las poblaciones de vectores como en la protección personal mediante repelentes. Desestimó, a su vez, algunas opciones “naturales” del tipo lociones y cremas con aceites esenciales, así como todos los aparatos que emiten ultrasonido. Para el científico, resulta problemática la asociación entre lo natural y lo bueno, porque “hace que la gente crea que está protegida cuando en realidad no lo está”.

“Hoy tenemos una gran oferta de repelentes de origen natural que no tienen DEET, algo que los fabricantes suelen destacar. A veces prometen protecciones de muchas horas, algo difícil de alcanzar incluso con los mejores repelentes sintéticos”, afirmó. Y completó: “Está claro que los repelentes que contienen DEET son los más eficaces y los que brindan la mejor protección por mayor tiempo. En algunos países, los repelentes a base de aceites esenciales son desaconsejados, en particular en momentos de circulación de patógenos transmitidos por mosquitos, debido al poco tiempo de protección que brindan”.

Un repelente enigmático

El DEET es una síntesis química a partir de ácido M-toluico y dietilamina. Fue el ejército norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial que lo comenzó a utilizar para proteger a sus soldados de mosquitos que los enfermaban. El uso comercial masivo llegó unos años después. “Se ha vendido como si tuviera un gran espectro de acción pero en realidad es muy efectivo en mosquitos y menos contra otros artrópodos picadores. Es tan eficaz, persistente y barato que se volvió el referente absoluto y lo sigue siendo aunque tenga más de ochenta años”, afirmó Lazzari.

La recepción del DEET pasó a ser misteriosa y enigmática. Todavía no se sabe cómo actúa y eso limita la posibilidad de buscar nuevos repelentes.

El investigador señaló que han existido reportes sobre efectos tóxicos y reacciones alérgicas. En sus comienzos, al usar concentraciones casi puras, los soldados estadounidenses sufrían esas consecuencias. Por eso resulta importante encontrar otras moléculas que sean menos tóxicas pero igual de eficaces para generar nuevos repelentes. Para ello, es clave comprender por qué el DEET funciona, algo que aún no está claro.

Lazzari comentó que recién en 2008 se publicó el primer trabajo en anunciar el descubrimiento de su modo de acción. Proponía que el DEET interfiere con la recepción de ciertos olores claves para que el mosquito se acerque. No obstante, otro estudio observó que los mosquitos podían oler esta sustancia, lo que implica que haya un receptor para una molécula inexistente en la naturaleza. Pocos años después, otra publicación aseguró haber hallado el receptor molecular del DEET, identificando moléculas en los alimentos que podrían imitar la acción de los repelentes. Sin embargo, el trabajo fue cuestionado y el paper retraído.

“La recepción del DEET pasó a ser misteriosa y enigmática. Seguimos sin saber cómo actúa y eso nos limita en la búsqueda de nuevos repelentes”, comentó el científico, quien explicó que ese hecho abrió la puerta a productos naturales que no son totalmente inocuos. “Los aceites esenciales, ya sean los que se usan para aromatizar con una vela o los que se aplican mediante cremas en la piel, pueden generar problemas de alergias o perturbación endocrina, afectando sobre todo a los animales domésticos”, aseguró.

Te amo, te odio, dame más

Lazzari busca entender qué representa el repelente para el mosquito. Por eso, realizaron un experimento para ver si lo podían condicionar. Inspirados en los famosos perros de Pavlov, le presentaban el repelente al mosquito al mismo tiempo que le daban de comer. Luego, sólo el repelente, para ver si se acercaba o se alejaba. El resultado es bien llamativo. “Empezaron a amar al DEET. Durante los tests vimos que se acercaban derecho atraídos por el repelente a buscar comida”, confirmó.

En diálogo con NEXciencia, Lazzari brindó más detalles sobre su trabajo, explicando que el DEET es una molécula un tanto neutra. “Sabemos que repele al mosquito de manera innata y es muy eficaz pero, al tratar de saber por qué, nos encontramos con estos fenómenos. ¿Es algo malo que el insecto quiere evitar o de forma innata lo relaciona con algo que lo hace alejarse sin implicar necesariamente un daño?”, se pregunta.

“Necesitamos nuevos repelentes que protejan de las picaduras, que tengan acción prolongada, que no sean tóxicos ni alergénicos y que no contaminen el ambiente”.

Y agrega: “Imaginemos una persona que se puso el repelente con DEET hace dos horas a la que se le acerca un mosquito. Si está muy hambreado lo puede picar, y lo haría en una atmósfera en donde queda un residuo del repelente. ¿Qué efecto provocará eso? Podría relacionar la presencia de DEET con la de comida. No lo sabemos. Es muy arriesgado afirmarlo porque tampoco es cuestión de generar pánico. De todas formas, sigue siendo el repelente más eficaz por lejos”.

El trabajo que realizan en conjunto con el equipo de Romina Barrozo del IBBEA busca nuevas posibilidades para repelentes: “Estamos probando un concepto nuevo que es el de repelente gustativo, con base en el sentido del gusto y en la recepción por contacto para generar rechazo mediante sustancias naturales amargas”, comenta.

“Necesitamos nuevos repelentes que protejan de las picaduras, que tengan una acción prolongada en el tiempo, que no sean tóxicos ni alergénicos, que no contaminen el ambiente y que tengan un precio accesible”, resume Lazzari. El concepto fue probado exitosamente utilizando la cafeína y, principalmente, la quinina.

“En el caso de la quinina van a posarse y a picar mucho menos. El concepto funciona pero hoy no podemos aconsejar ponerse quinina en la piel para repeler mosquitos. Todavía no estamos en esa instancia”, reconoce el investigador. Y auspicia: “Es una pista hacia dónde explorar y esperamos algún día llegar a algo formulable. La ventaja es que éstas son sustancias conocidas, baratas, abundantes, no tóxicas en estas concentraciones y que podrían representar una alternativa”.

“Hay que pensar que la investigación básica funciona así, a largo plazo”, dice, haciendo énfasis en que el mosquito es uno de los insectos más estudiados del mundo y los repelentes, una historia antigua. “Por supuesto, si tuviéramos más personal y más recursos se podrían hacer los tests más rápido y finalmente ver si podemos aportar algo concreto”, agrega.

Lazzari, además de dedicarse a la ciencia básica se formó en la universidad pública y no permanece ajeno a los avatares de la coyuntura argentina. Por eso escribió una de las adhesiones de apoyo hacia la ciencia nacional que el mismo día de la charla se entregaron a las autoridades del CONICET y que, previamente, se habían presentado en la Jefatura de Gabinete. “Siempre cuanto más recursos tenés, se puede avanzar más rápido”, sintetiza.