Animales de laboratorio

La ley del más fuerte

informes — por el 04/12/2007 a las 20:10

Año tras año, millones de seres vivos son utilizados y sacrificados con propósitos experimentales. Gracias a ello, la ciencia ha logrado prolongar nuestra esperanza de vida. En las últimas décadas, los países desarrollados han dictado normas que permitieron reducir en forma significativa el uso de animales para investigación. La Argentina carece, todavía, de una legislación al respecto.

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Ratón en el bioterio de la FCEyN. Foto: Juan Pablo Vittori

Se los convierte en diabéticos, se les provoca cáncer, se los intoxica, se los hace adictos a drogas, se los priva de comida, se los infecta con virus, bacterias u otros microorganismos; se los somete a temperaturas extremas, reciben shocks eléctricos y radiaciones, o son expuestos a gases venenosos o a sustancias corrosivas. Por si todo esto fuera poco, además, permanecen doloridos y estresados durante días o meses, amontonados en jaulas donde apenas pueden caminar.

Se trata, mayoritariamente, de ratas y ratones. Pero, también, de conejos, cobayos, perros, gatos, aves, peces, reptiles, monos e, incluso, caballos.

Se estima que más de cien millones de seres vivos son utilizados en experimentos cada año en todo el mundo. Y este cálculo sólo incluye a los vertebrados, es decir, no toma en cuenta a los insectos, los moluscos, los gusanos, y el resto de las formas de vida animal consideradas “inferiores”, que también se utilizan como modelo de estudio en los laboratorios.

Es que los experimentos con animales han sido –y siguen siendo- cruciales para el desarrollo de la ciencia y la medicina. Porque, según parece, para el ser humano todavía es imposible buscar la cura de todos sus males sin aprovecharse de las demás especies.

Derechos no humanos

Durante la segunda mitad del siglo XX, algo empezó a cambiar para los bichos de laboratorio cuando, por presión de las sociedades protectoras, los animales comenzaron a ser considerados “seres vivos con derechos”. Enla Argentina, este movimiento se vio reflejado en la ley 14.346, de protección animal, sancionada en 1954 y todavía vigente.La Declaración Universalde los Derechos del Animal, proclamada porla UNESCOen 1979, formalizó finalmente la cuestión.

Pero, para el caso específico de los animales utilizados para la experimentación, el verdadero punto de inflexión -en lo que se refiere a su uso- se produjo en 1959, cuando dos científicos ingleses, William Russell y Rex Burch, escribían sus “Principios de Técnicas de Experimentación Humanitarias”. En ese tratado, los investigadores no sólo describen por primera vez “la regla de las tres R” que, todavía hoy, es un mandamiento para todo aquel que quiera manipular animales para investigación (ver recuadro: La regla de las 3 R), sino que, además, sientan las bases de lo que actualmente es la “ciencia de animales de laboratorio”, pues sostienen que la excelencia científica depende del uso humanitario de los animales con los que se experimenta.

Cuidado con el perro

“Un ser vivo estresado -porque es maltratado- tiene todos los parámetros bioquímicos alterados y, por lo tanto, no es un animal válido para ser utilizado en un experimento”, señala la doctora Berta Kaplún, pionera enla Argentinaen el tema de los animales para investigación, y fundadora de la carrera de Técnicos para Bioterio dela Universidadde Buenos Aires. “El animal es el reactivo biológico, el instrumento de medida y, como tal, debe estar calibrado”, ilustra la médica veterinaria Cecilia Carbone, profesora titular de la cátedra de Animales de Laboratorio, y directora del bioterio, enla Universidad NacionaldeLa Plata.

El hecho de que la manera en que es tratado un animal influye en los resultados de los experimentos ha conducido a que, en la actualidad, las principales revistas científicas internacionales exijan, a los investigadores que envían para su publicación trabajos realizados con seres vivos, la firma de una declaración de cumplimiento de normativas y recomendaciones específicas.

“Por ejemplo, se han rechazado trabajos porque se utilizan más animales de los estrictamente necesarios. Y esto ocurre porque los animales son mal manejados y, por lo tanto, hay mayor variabilidad en los resultados de los experimentos. Entonces, los cálculos estadísticos exigen mayor cantidad de individuos para validar los resultados”, explica Kaplún.

Pensión incompleta

Entre las variables que determinan la aptitud de un ser vivo para ser utilizado como reactivo biológico en investigación están las condiciones del bioterio, que es el lugar donde se cría a los animales para experimentación. La correcta aireación, el tipo y cantidad de alimento, la calidad de las “camas” (la viruta que se coloca en el piso de las jaulas), el control genético, o la ausencia de contaminación microbiana, son algunos de los parámetros que se exigen a nivel internacional para validar un animal.

Pero, según la doctora Adela Rosenkranz, asesora del bioterio dela Facultadde Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN) dela UBA, enla Argentinano se consiguen los insumos adecuados, debido a que no hay un mercado suficientemente atractivo para las empresas multinacionales que los producen: “La cama, entre otras cosas, no debería contener inductores enzimáticos, ni metales pesados, ni insecticidas dentro de ciertos límites; y la comida, por ejemplo, debería tener siempre declarados exactamente los mismos ingredientes, y venir acompañada con un análisis de ausencia de contaminantes”, consigna.

Según Rosenkranz, en nuestro país no hay lugares donde hacer el control genético, y “sólo existe un único centro especializado en control microbiológico, que no hace todos los análisis recomendados internacionalmente”.

Para la experta, debería existir un centro de referencia de animales de laboratorio “como el que existe en Brasil”, que disponga de todas las tecnologías necesarias, y propone: “Ya que el Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) financia investigaciones que utilizan animales que no están en las condiciones en que deberían estar, podría destinar esos recursos al centro de referencia”.

Gruñidos

Enla Unión Europea, la legislación exige que cualquier investigador que trabaje con animales posea una certificación que lo habilite para tal fin. Para ello, debió haber realizado un curso de postgrado, cuyos contenidos son establecidos porla Federación Europeade Asociaciones de Ciencias de Animales de Laboratorio (FELASA, por sus siglas en inglés).

Enla Argentina, si bien no hay ninguna norma que rija esta actividad, existe un curso -cuyo programa responde en cuanto a contenidos y carga horaria a las recomendaciones de FELASA- que se dicta en la FCEyN: “Es la novena edición del curso, y cada año recibimos más alumnos, que vienen de toda Latinoamérica”, cuenta Adela Rosenkranz, coordinadora del curso, y añade: “La mayoría de los asistentes son jóvenes que están haciendo su tesis de doctorado. Los investigadores más grandes no cursan porque nada los obliga”.

Si bien en el año 2000la FCEyNse dio un Reglamento para el Cuidado y Uso de Animales de Laboratorio (que en el año 2004 fue tomado como modelo porla UBA, para aprobar una reglamentación para toda la universidad), todavía no hay una normativa nacional específica para todo lo relacionado con la experimentación con seres vivos. Esto, se traduce en la ausencia de políticas sobre esta materia desde los organismos públicos responsables: “Para el último Congreso Nacional de la especialidad invitamos a las personas que conducen nuestro sistema científico, pero nadie respondió”, afirma Cecilia Carbone. En este contexto, cada bioterio hace lo que quiere, o lo que puede: “Los bioterios han estado tratando de mejorar, pero hay buenos y no tan buenos”, opina la especialista.

Chillidos

Los sucesivos intentos dela Asociación Argentina para la Cienciay Tecnología de Animales de Laboratorio (AACYTAL) por concretar una legislación nacional sobre investigación con animales se han encontrado con la resistencia de los grupos proteccionistas, que no aceptan ninguna forma de experimentación con seres vivos.

Para Martha Gutiérrez, presidenta dela Asociaciónparala Defensade los Derechos del Animal (ADDA), “en lugar de usar animales hay que incentivar la prevención”, y cita como ejemplo los experimentos que se hacen para evaluar el daño que produce el uso de sustancias como el cigarrillo o el alcohol: “Se han utilizado animales para hacerlos inhalar humo de cigarrillo, para luego abrirlos y ver cómo estaban sus pulmones. O se los emborracha para encontrar curas para el alcoholismo”, critica.

Al mismo tiempo, Gutiérrez propone el uso de los métodos alternativos disponibles (ver recuadro “Animales alternativos”) o, cuando esto no fuera posible, la experimentación sobre voluntarios humanos: “Hay listas de gente que quiere salvar a los animales, y que pone su brazo o su pierna para que les hagan distintos tipos de inoculaciones”, sostiene.

Tras aclarar su condición de vegetariana, y su inclinación por la homeopatía a la hora de atender sus dolencias, Gutiérrez considera que “la Organización Mundialdela Saludtiene unas doscientas drogas aprobadas, y con eso podríamos curarnos todos”.

Entretanto, y mientras la AACYTALintenta hacer llegar al Congreso Nacional su proyecto de Ley de Cuidado y Uso de Animales de Laboratorio, en una de las comisiones dela Cámarade Diputados ya hace tiempo que está en discusión un proyecto presentado porla ADDApara modificar la vieja ley de protección animal.

-¿Qué quieren reformar de la ley 14.346? -“En este momento, lo que nosotros querríamos es ampliar sus alcances para que no se admita la experimentación para temas cosméticos”, anuncia Gutiérrez, y confiesa: “Si planteamos una negativa total a la experimentación, el proyecto no atraviesa ni siquiera la primera comisión. Entonces, nos vamos poniendo metas parciales”.

En esta lucha de proyectos, no se vislumbra la búsqueda de una reglamentación consensuada que, por un lado, sancione el maltrato a los animales y, al mismo tiempo, permita la utilización controlada de seres vivos para fines científicos. “Sería importante que pudiéramos trabajar en conjunto con las asociaciones protectoras porque, de alguna manera, desde ambos lados estamos promoviendo un mayor bienestar para los animales”, considera la médica veterinaria Graciela Lammel, coordinadora del bioterio dela FCEyN.

Bichos vs. mascotas

Mientras desde la página Web dela ADDAse denuncia el maltrato a cangrejos y langostas (piden que se los sacrifique antes de cocinarlos vivos en agua hirviendo), los intentos por regular el uso de animales de experimentación desde el ámbito científico apuntan exclusivamente al mundo de los vertebrados. Esta discriminación se hace más notoria en los Estados Unidos, donde la regulación federal sobre bienestar animal no incluye a las ratas, a los ratones, ni a las aves.

De hecho, los cuestionamientos de la opinión pública en cuanto a la experimentación con animales, también son selectivos: “El uso de las especies habitualmente usadas como animales de compañía, como perros y gatos, o la utilización de primates, es más cuestionado que la utilización de ratas o ratones que, en definitiva, son los más utilizados en los experimentos”, comenta Carbone.

De todos modos, podría decirse que, para algunos “bichos”, las cosas habrían mejorado. Pues, a partir de 1987 y por resolución del Ministerio de Educación, fueron prohibidos los procedimientos de disección y vivisección en los establecimientos de enseñanza primaria y media. Con ello, se puso fin a aquellos terribles experimentos escolares que dejaban a sapos, ratas y otros “conejillos de indias” a merced del sadismo estudiantil.

Homo ¿sapiens?

En el año 1985, la Organización Mundialdela Salud (OMS) convalidó lo que, desde siempre, ha sido un paradigma dominante en la investigación: la necesidad del uso de animales. En el primero de una serie de “principios básicos” -fundados en las Guías Internacionales parala Investigación Médica-, la OMS sentencia que “el progreso de los conocimientos biológicos y el perfeccionamiento de los medios de protección de la salud y el bienestar del hombre y de los animales obliga a hacer experimentos con animales vivos intactos de una gran variedad de especies”.

Desde la vereda opuesta, numerosas organizaciones de todo el mundo, que se oponen al uso de animales para la investigación, sostienen que, debido a las diferencias bioquímicas, fisiológicas y anatómicas que existen entre las especies, la experimentación con animales no garantiza la seguridad y/o eficacia de un medicamento u otro producto destinado a seres humanos. Afirman que, incluso, las respuestas de dos especies a una misma droga pueden ser contradictorias, y que sólo deben considerarse como “serios” los resultados de los ensayos clínicos.

En cualquier caso, los especialistas en la ciencia de los animales de laboratorio coinciden en la necesidad de lograr la reducción en el número de seres vivos utilizados para la experimentación y, cuando fuera posible, su reemplazo por métodos alternativos.

Pero, en la Argentina, esta tarea se hace muy difícil, pues la ausencia de un marco legal deja a los bioterios indefensos ante el avance de las asociaciones protectoras y, al mismo tiempo, en un lugar marginal del sistema científico nacional: “Si bien, tal vez por la exigencia de publicar, o de solicitar subsidios, se percibe un cambio de actitud en la comunidad científica, todavía falta mucho por andar en nuestro país”,  comenta Cecilia Carbone, y añade: “El científico tiene la obligación moral de conocer este tema, y hacerse responsable por trabajar con seres vivos. Además, el sistema científico debería salir de su ignorancia y fomentar el desarrollo de esta ciencia enla Argentina, estableciendo políticas institucionales que nos permitan alcanzar la inclusión internacional”, concluye.

 

La regla de las 3 R

Son las iniciales de Reducción, Reemplazo y Refinamiento, objetivos primarios para quienes trabajan con animales de laboratorio.

La Reducción en el número de animales utilizados puede lograrse de múltiples maneras. Por ejemplo:

Haciendo públicos los resultados negativos de los experimentos, lo que evitaría la repetición innecesaria de los mismos por otros grupos de investigación.

Controlando la calidad genética, y el estado sanitario de los animales, lo que permitiría una menor dispersión de los datos experimentales y, por lo tanto, un requerimiento menor de ejemplares.

Coordinando el uso conjunto de los animales entre diferentes grupos de investigación.

Efectuando diseños experimentales apropiados, a partir de buenos análisis estadísticos.

El Reemplazo de los animales por otros métodos alternativos existentes (ver recuadro “Animales alternativos”) debería ser una inquietud siempre presente, tanto para las actividades de investigación como de docencia.

El Refinamiento está relacionado con todo aquello que tienda a reducir al mínimo el estrés, el dolor e incomodidad del animal, especialmente durante los procedimientos experimentales, lo que redundará en una disminución del número de individuos a utilizar. El refinamiento requiere, entre otros aspectos, de personal capacitado y entrenado en las técnicas de manipulación, anestesia, o analgesia y, también, de condiciones ambientales confortables para el animal.

Para la doctora Berta Kaplún, habría una cuarta R: la de Responsabilidad. “Sin responsabilidad no se pueden cumplir las otras tres”, afirma.

Animales alternativos

Poco a poco, las nuevas tecnologías hacen cada vez más factible el reemplazo de seres vivos por otros elementos o dispositivos, tanto para los experimentos científicos, como en la actividad docente.

Así, los progresos en la biotecnología han posibilitado el uso de cultivos de células, tejidos y órganos, antes que recurrir al sacrificio de organismos enteros. De la misma manera, los modelos matemáticos, las bases de datos informatizadas, y la simulación por computadora han ahorrado numerosas vidas al mundo animal. El mejoramiento de las técnicas de diagnóstico por imágenes, y la mayor precisión de las metodologías de medición han conseguido otro tanto.

Por otro lado, los modelos artificiales -tanto materiales como virtuales- y los métodos audiovisuales se han constituido en instrumentos centrales para la actividad pedagógica en todos los niveles educativos.

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