
La extraordinaria biodiversidad del Mar Argentino profundo
El equipo científico de la campaña “Vida en los extremos” –la tercera y última realizada en el Mar Argentino con apoyo del Schmidt Ocean Institute, liderada por la bióloga María Emilia Bravo– reveló los principales hallazgos de la expedición que permitió ver, en vivo y por streaming, algunos de los ambientes menos explorados del planeta.
La tercera y última campaña del buque Falkor (too) en el Mar Argentino supuso una expedición sin precedentes, que permitió ver en vivo y por streaming algunos de los ambientes menos explorados del planeta. El equipo de científicas y científicos liderado por la bióloga María Emilia Bravo, investigadora de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y el CONICET, recorrió las profundidades del talud continental argentino en busca de las filtraciones de gases que emanan del fondo marino y que dan sustento a comunidades formadas por organismos extremos –los ecosistemas quimiosintéticos– y halló, a lo largo de 28 días de navegación y un total de 211 horas de inmersión con el ROV SuBastian, una biodiversidad extraordinaria.
Lo que sigue es el comunicado de prensa oficial de la expedición, publicado por el Schmidt Ocean Institute, en el que los científicos y científicas que participaron de “Vida en los extremos” compendiaron los principales hallazgos de la campaña.
El Mar Argentino profundo, más biodiverso de lo que los científicos pensaban
“Vida en los extremos” realizó una exhaustiva investigación de los ecosistemas de aguas profundas a lo largo de todo el talud continental. Las científicas y los científicos descubrieron el arrecife de coral de Bathelia candida más vasto que se conozca y ambientes de filtraciones frías de gran riqueza química, y documentaron una rara medusa fantasma.
La expedición liderada por Argentina a bordo del buque de investigación R/V Falkor (too) del Schmidt Ocean Institute logró observar a lo largo de la plataforma continental del país una biodiversidad ciertamente extraordinaria. Desde Buenos Aires, en el norte, hasta una zona próxima a Tierra del Fuego, el equipo científico documentó, entre otros hallazgos, el arrecife de coral de Bathelia candida más vasto que se conozca en el océano global, otros complejos de arrecifes de enorme riqueza, y 28 posibles nuevas especies, incluyendo corales, poliquetos, erizos de mar, caracoles y anémonas de mar.

Los corales de aguas profundas, longevos y de crecimiento lento, suelen ser clasificados como ecosistemas marinos vulnerables, porque albergan una gran biodiversidad y se ven amenazados por actividades humanas como la pesca de arrastre. En esta imagen, estrellas de mar rojas y rosadas (Gorgonocephalus chilensis) se posan sobre corales duros blancos (principalmente Bathelia candida y Solenosmilia sp.). Estrellas y corales se alimentan capturando partículas y microorganismos. Foto: ROV SuBastian/SOI.
“No esperábamos ver este nivel de biodiversidad en las profundidades del Mar Argentino, estamos muy emocionados de verlas repletas de vida”, afirmó la jefa científica de la expedición, María Emilia Bravo, investigadora del CONICET y Exactas UBA. “Fue increíble ver toda la biodiversidad, las funciones ecosistémicas y la conectividad entre ellas desplegándose juntas. Abrimos una ventana a la biodiversidad de nuestro país, solo para descubrir que aún quedan muchas más especies por descubrir”.

La jefa científica de la expedición, María Emilia Bravo, investigadora del IGeBA (CONICET, Exactas UBA), dirigiendo una inmersión del ROV SuBastian desde la sala de control de la misión a bordo del buque de investigación Falkor (too). Foto: Misha Vallejo Prut/SOI
Cubriendo una superficie de al menos 0,4 km2, el arrecife de Bathelia hallado tiene casi el tamaño de la Ciudad del Vaticano. Este coral pétreo de aguas frías proporciona hábitat a otros organismos, como peces, crustáceos y pulpos. Considerada una especie indicadora de un Ecosistema Marino Vulnerable (EMV), Bathelia candida se ha documentado en todo el Océano Atlántico Suroccidental, con las mayores áreas frente a las costas de Argentina. Sin embargo, hasta esta expedición los científicos no conocían su verdadera extensión. El equipo encontró arrecifes de Bathelia 600 kilómetros más al sur de su área de distribución conocida, a 43,5° de latitud.

Los pilotos del ROV registraron imágenes del esqueleto de una ballena en el fondo marino, a unos 3890 metros de profundidad, durante una inmersión en un barranco de la Cuenca Salado-Colorado. En lugares acostumbrados a la escasez, las ballenas que mueren ofrecen miles de años de alimento. Allí comen desde grandes carroñeros hasta microbios invisibles y gusanos Osedax que se alimentan de huesos. Una vez que la materia orgánica se ha consumido, llega la “fase de arrecife”, cuando los animales utilizan como sustrato duro este cadáver de ballena que presumiblemente pasó décadas en el fondo marino. Foto: ROV SuBastian/SOI.
El equipo científico también documentó la primera “caída” de los restos de una ballena en aguas profundas de Argentina, a 3.890 metros de profundidad, y una rara medusa fantasma: una medusa de aguas profundas que puede crecer tanto como un autobús escolar. Los sitios donde las ballenas “caen”, donde sus cuerpos se depositan, tras su muerte, en el fondo marino, sirven como ecosistemas temporales, proporcionando alimento a pulpos, tiburones y cangrejos y otros animales. Además, los científicos observaron antiguos jardines de “coral chicle” (Paragorgia arborea) enclavados entre grandes esponjas en la Fosa de las Malvinas, a 3000 metros de profundidad, cerca de Tierra del Fuego.

Individuos juveniles de Centrolophus sp. nadan alrededor de la campana de una Stygiomedusa gigantea, comúnmente conocida como la “medusa fantasma gigante”, que los pilotos del ROV registraron a 250 metros de profundidad. Su campana puede alcanzar un diámetro de un metro y sus cuatro brazos, hasta 10 metros de largo. No tienen tentáculos urticantes, pero los utilizan para atrapar a sus presas, como plancton y peces pequeños. Foto: ROV SuBastian/SOI.
“Recopilamos una cantidad sin precedentes de muestras químicas, físicas y biológicas, que se utilizarán durante los próximos años para analizar y comprender diferentes procesos que se registran en nuestro mar”, afirmó Melisa Fernández Severini, del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO, CONICET). “Estas muestras representan una oportunidad única para entender no solo cuan extraordinarios son estos ecosistemas extremos, sino también cuan vulnerables pueden ser”.

De izquierda a derecha, Fabrizio Scarabino (Universidad de la República, Uruguay), Juliana Giménez (IBBEA, CONICET, Exactas UBA) y Leonel Pacheco (Museo Argentino de Ciencias Naturales) analizando muestras biológicas en el laboratorio principal del R/V Falkor (too). Foto: Misha Vallejo Prut/SOI.
El objetivo central de la campaña era localizar “filtraciones frías”, entornos de aguas profundas donde el metano y otras sustancias químicas liberadas desde el lecho marino sirven como energía para los microorganismos que proporcionan sustento a una fauna compuesta por almejas, mejillones y gusanos tubícolas. Encontraron una filtración activa de un kilómetro cuadrado (el doble del tamaño del arrecife de Bathelia) que incluía una gran área de almejas quimiosintéticas.

Los científicos observaron esta pequeña langosta en un lecho de valvas de almejas quimiosintéticas de los géneros Archivesica sp. y Calyptogena sp., a 619 metros, mientras exploraban hábitats quimiosintéticos asociados a un montículo de carbonato derivado del metano. En aguas argentinas, la biodiversidad y el contexto ambiental de estos ecosistemas quimiosintéticos siguen siendo poco conocidos. Foto: ROV SuBastian/SOI.
“La comprensión científica de cómo interactúan las filtraciones frías y los arrecifes de coral de aguas profundas aún está en sus inicios”, afirmó Bravo.
La expedición observó basura en algunos sectores del fondo océanico, incluyendo redes de pesca, bolsas plásticas y hasta una cinta VHS en perfecto estado, indicio de la durabilidad de estos materiales contaminantes. La pegatina lateral de la cinta está impresa en coreano, y se desconoce cómo llegó al Mar Argentino y su antigüedad.
“Con cada expedición a las profundidades marinas, descubrimos que el océano está lleno de vida, tanto como la que vemos en tierra, y quizás aún más, ya que contiene el 98% del espacio vital de este planeta”, afirmó Jyotika Virmani, directora ejecutiva del Schmidt Ocean Institute. “Hemos tenido el privilegio de trabajar con científicos destacados en tres expediciones en aguas argentinas y esperamos ver cómo sus investigaciones continúan avanzando, generando nuevos conocimientos e inspirando a otros investigadores”.

El buque de investigación Falkor (too) con el ROV SuBastian desplegado en el Atlántico Sur, durante la expedición “Vida en los extremos”. Foto: Misha Vallejo Prut/SOI.
El Schmidt Ocean Institute fue fundado en 2009 por Eric y Wendy Schmidt para impulsar los descubrimientos que permitan la comprensión de nuestro océano y su sustentabilidad, garantizando la salud de nuestro planeta mediante la investigación científica de alto impacto y la observación inteligente, el avance tecnológico, el intercambio abierto de información y la participación pública, al más alto nivel de excelencia internacional. Más información en www.schmidtocean.org.
