Bárbara Tencer. Foto: Diana Martinez Llaser
Cambio climático

En la Argentina, menos días muy fríos

La mínima en invierno aumentó más de 5ºC, mientras que la máxima, en verano, subió 2ºC. A esta conclusión llegó la investigadora del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la Facutad, Bárbara Tencer, a partir de un estudio que recopiló datos de los últimos 60 años.

4 Jul 2011 POR
Bárbara Tencer. Foto: Diana Martinez Llaser

Bárbara Tencer. Foto: Diana Martinez Llaser

En los últimos sesenta años, se registraron menos días muy fríos, así como menos días muy cálidos. Los datos surgen de un análisis de las temperaturas extremas de la Argentina, y confirman la percepción de los porteños de que, en invierno, ya no hace tanto frío como antes. Pero en verano tampoco se viven días de marcas térmicas excesivamente elevadas.

“Analicé cuatro extremos de temperatura anuales: dos valores de temperatura máxima y dos de mínima. La máxima más alta corresponde a un día de verano, y la máxima más baja, a un día de invierno. La mínima más alta se da en una noche de verano, y la mínima más baja, en una noche invernal”, relata la doctora Bárbara Tencer, becaria postdoctoral del Conicet en el Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN) de la UBA.

Tencer estudió la temperatura más alta de todas las máximas registradas de cada año, en 42 estaciones meteorológicas de la Argentina, y generó una serie con un valor anual, para el período de 60 años. Por ejemplo, el día más cálido en la ciudad de Buenos Aires tuvo una temperatura máxima de 43.3ºC (29 de enero de 1957), que fue la máxima más alta registrada en todo el período. Una de las máximas más bajas (5.7ºC) se produjo el 9 de julio de 2007, día que nevó en Buenos Aires, y otra, el 23 de junio de 1918 (4.3ºC), que también nevó en la ciudad.

Según los datos, los días muy cálidos son más frecuentes, pero menos intensos, es decir, no tanto calor, pero más seguido. En cambio, las noches muy cálidas son, en general, más intensas y más frecuentes. Los días y las noches muy frías son menos frecuentes, y con menor intensidad.

Más nubes

Lo que sorprende es que los valores máximos de temperatura no sean cada vez más altos, como se podría pensar. “Una posible explicación es que estos resultados coinciden con un aumento en la precipitación general, que se relaciona con un incremento de la nubosidad: al haber nubes durante el día, la temperatura no sube tanto”, indica la investigadora, cuyo trabajo es parte de su tesis doctoral, dirigida por la doctora Matilde Rusticucci, profesora en la FCEyN e investigadora del CONICET.

Si bien los datos corresponden a la Argentina, “hay trabajos que dan cuenta de este comportamiento en todo el planeta”, confirma Tencer.

En cuanto a los extremos fríos, la temperatura mínima es cada vez más alta. “En Buenos Aires, las temperaturas extremas aumentaron mucho más que la temperatura media global, que fue de aproximadamente 1ºC en 100 años: porque el extremo cálido de verano aumentó casi 2ºC en 100 años, pero la mínima en invierno aumentó más de 5ºC”, enumera Tencer.

La investigadora proyectó hacia los próximos treinta años las tendencias registradas en el siglo XX. Así, analizó los cuatro extremos en el período 2010-2040 usando uno de los escenarios posibles de cambio climático, según lo que proyectan tres diferentes modelos de cambio climático.

Y detalla: “En general, las noches de mucho calor tienden a ser más frecuentes y con valores más altos. En tanto, las noches más frías ocurren con menor frecuencia; y los días más fríos son menos frecuentes y no tan fríos”.

Para confirmar que la variación observada se vincula al cambio climático global, se hace un análisis detallado que permita distinguir la variabilidad climática natural de los cambios debidos a la mayor presencia en la atmósfera de gases de efecto invernadero por causas antropogénicas. En realidad, esos gases también podrían aumentar por causas naturales, como el incremento del vapor de agua en la atmósfera por la mayor evaporación; del dióxido de carbono, por la descomposición de las plantas, o la liberación de metano en los pantanos.

“La variabilidad interna es la más difícil de estudiar, porque el clima es un sistema en constante evolución”, indica Tencer. Pero la tendencia en cuanto a las temperaturas extremas parece evidenciar que el tan mentado cambio climático es una realidad.