Calentamiento global

Alto océano

actualidad — por el 15/06/2021 a las 12:32

El promedio de aumento del nivel del mar en el Atlántico Sur es de casi tres milímetros anuales. Este escenario se registra desde la línea del ecuador hasta Ushuaia. Simulaciones computacionales proyectan que, en el área de Mar del Plata, las aguas podrían elevarse casi medio metro en cien años.

A simple vista, las dimensiones milimétricas en que se elevan las aguas marinas pueden parecer insignificantes, pero los efectos van horadando el planeta como la gota en la piedra. Foto: Gabriel Rocca.

A simple vista, las dimensiones milimétricas en las que se elevan las aguas marinas pueden parecer insignificantes, pero los efectos van horadando el planeta como la gota en la piedra. Foto: Gabriel Rocca.

Cuando se mira el horizonte desde la playa, puede parecer que el mar está siempre al mismo nivel, pero el océano gana altura cada vez más. El crecimiento es milimétrico, imperceptible para el ojo humano, pero no para los sensores satelitales y mareógrafos desperdigados por el mundo, que muestran una tendencia al alza silenciosa y constante en las últimas décadas.

“Desde 1993 a 2020, el aumento del nivel del mar fue en promedio de 3,5 mm por año, en el planeta”, afirma la doctora en Oceanografía de la Universidad de Buenos Aires, Laura Ruiz Etcheverry. En nuestra región del Atlántico Sur, los números tampoco escapan a esta tendencia de ascenso pertinaz. “Desde la línea del ecuador hasta Tierra del Fuego, la tendencia es positiva, del orden de los 2,9 mm por año”, observa.

A simple vista, estas dimensiones de elevación pueden parecer insignificantes, pero los efectos van horadando el planeta como la gota en la piedra. “Aunque en el día a día uno no lo ve, en las últimas décadas se detectan cambios en la dinámica de la arena de la Bahía de Samborombón o de Mar del Plata, cuyas costas se están erosionando. Y esto se asocia, en parte, a esos casi tres milímetros por año que fueron acumulándose. Este fenómeno se observa más claramente en islas del Pacífico, en especial, atolones, que pueden llegar a desaparecer, al ser cubiertos por el agua”, indica Ruiz Etcheverry, del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (UBA-CONICET), en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Ciencia mirando al sur

Ruiz Etcheverry junto con Martín Saraceno enfilaron la investigación hacia un área hasta entonces poco explorada. “Se sabe poco, en particular, sobre la tendencia que viene mostrando el nivel del mar en el Atlántico Sur, en comparación con otras partes del mundo”, indicaron en Geosciences. Aquí, como en el resto del planeta, las principales razones de este ascenso apuntan al mismo fenómeno: el calentamiento global.

Si se coloca una fuente con agua sobre el fuego, al poco tiempo, el líquido se dilata a medida que aumenta el calor hasta llegar al punto de ebullición. Sin llegar a burbujear al nivel del hervor, el océano, al incrementar su temperatura por el calentamiento global, ocupa más lugar con el mismo caudal. “Esta expansión -describe Ruiz Etcheverry- uno la ve como un aumento en la altura del nivel de mar. A su vez, este mismo calentamiento derrite los hielos del Ártico y de la Antártida, lo que agrega más agua al océano”.

Esa masa flotante gigantesca que gana altura tiene un mundo interno lleno de vida, y de reglas propias. Algunas que marcan su ritmo son las corrientes que, como ríos internos, arrastran todo a su paso. “Este aumento positivo en latitudes medias en el Atlántico Sur, que supera el valor medio de 2,9 mm por año, se debe al desplazamiento de las corrientes principales, como la de Brasil, que cada vez es más cálida, se desplaza más hacia sur, y genera un efecto de ampliación térmica que se refleja en la altura del mar”, evalúa Ruiz Etcheverry, tras analizar los datos de la región registrados desde 1993 hasta 2017.

Un mar de datos

A la pesca de datos se lanzan desde hace años pequeños robotitos que se sumergen a grandes profundidades en el mar para capturar información de salinidad, temperatura, presión, que luego envían vía satélite. “Desde 2004 -historia Ruiz Etcheverry- empezó un proyecto Argo, que arroja al agua unas boyas que van derivando con las corrientes y tienen un diseño particular. Esto les permite hundirse y medir los primeros dos mil metros del océano y subir a superficie”.

La adquisición de un gran número de datos in situ, a través de estos instrumentos, permitió confirmar la noción derivada de observaciones históricas. “Estas sostenían que la expansión térmica es más intensa en los primeros 700 metros de la columna de agua”, detalla.

Distintos equipamientos permiten dibujar este mapamundi marino. “Entre los mareógrafos y la información satelital tenemos buenos datos de la altura del mar. Y ahora también se complementan con valores numéricos, o sea, la computadora permite efectuar ecuaciones para representar datos del océano y obtener una visión mejor de lo que sucede”, indica.

Simular el futuro

Los sistemas computacionales no sólo ayudan a comprender con más claridad el presente sino que distintas simulaciones permiten proyectar cómo será el panorama en el futuro. “Estos modelos climáticos a nivel global marcan que en la zona donde está ubicada Mar del Plata, aumentaría el nivel del mar casi medio metro en cien años en el peor de los escenarios proyectados”, dice Ruiz Etcheverry.

Si bien no son un pronóstico certero, estos modelos pretenden delinear cómo el sistema climático puede manifestarse en el futuro, con proyecciones de máxima y mínima. Permanentemente, se ajusta en base a los nuevos datos recolectados. Más allá de que se trata de probabilidades, y que el aumento podrá variar más o menos centímetros en un escenario u otro, el consenso es hacia el crecimiento en la altura del nivel del mar.

“La actividad humana, la contaminación con mayor cantidad de gases de efecto invernadero, aumenta la temperatura del planeta. El océano se estima que absorbe el 93 por ciento del calor planetario debido a la capacidad calorífica del agua de mar. Si así no lo hiciera, el efecto sería peor. Ahora le estamos exigiendo demasiado”, concluye Ruiz Etcheverry.

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