Neurociencia y ética

El cerebro y sus derechos

actualidad — por el 23/09/2019 a las 12:52

El estudio de las bases físicas de la inteligencia ya no se centra en la neurona individual sino en las conexiones entre ellas. El gran desafío es mapear todos los circuitos del cerebro, para manipularlos y tratar así los trastornos mentales. Pero este conocimiento también podría utilizarse para alterar las percepciones de las personas. El reconocido neurobiólogo español Rafael Yuste brindó una conferencia en Buenos Aires en la que se refirió a estos estudios y subrayó la necesidad de contemplar los derechos del cerebro como derechos humanos.

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En animales, ya es posible manipular los estados perceptivos de una manera bastante precisa, como si fueran marionetas. En teoría, se podrán analizar los patrones de actividad del cerebro de un humano y descubrir qué está pensando. Antes de que esto ocurra, debe haber una protección legal. Imagen: Gerd Altmann en Pixabay.

“En animales, ya es posible manipular los estados perceptivos de una manera bastante precisa, como si fueran marionetas. En teoría, se podrán analizar los patrones de actividad del cerebro de un humano y descubrir qué está pensando. Antes de que esto ocurra debe haber una protección legal”, reclama Yuste. Imagen: Gerd Altmann en Pixabay.

A fines del siglo XIX, el médico español Santiago Ramón y Cajal postulaba la doctrina neuronal, que consideraba a la neurona como la unidad estructural y funcional del sistema nervioso. Pero hoy, para las neurociencias, la base física de la inteligencia se encuentra en los circuitos neuronales, según afirmó el neurobiólogo español, Rafael Yuste, profesor en la Universidad de Columbia, Estados Unidos.

“A  pesar de que llevamos más de cien años estudiando el sistema nervioso, todavía no tenemos una teoría general de cómo funciona el cerebro, en particular, la corteza cerebral”, destacó el investigador.

Yuste se formó como médico en Madrid, y se doctoró en Neurobiología en la Universidad Rockefeller, en Estados Unidos, donde reside. Desde 2005 es investigador del Instituto Médico Howard Hughes y Codirector del Instituto Kavli de Ciencias del Cerebro, en la Universidad de Columbia. Es uno de los ideólogos del Proyecto Brain, puesto en marcha en 2013 con el fin de conocer a fondo el cerebro humano y sus conexiones neuronales. En él participan 400 laboratorios en Estados Unidos y alrededor de 100 en otros países del mundo.

El especialista comenzó hablando de la particularidad de los imanes, cuyos átomos individuales carecen de magnetismo, pero, en conjunto, el sistema es magnético. Es que el magnetismo surge como una propiedad emergente a partir de la interacción entre los átomos.

Maraña de neuronas

Del mismo modo, la interacción entre las neuronas da lugar a la mente. Lo que llamamos mente humana está generada por una variedad de circuitos neuronales formados por un número muy alto de neuronas de diversos tipos y conectadas de manera muy compleja.

Rafael Yuste.

Rafael Yuste.

“Cajal hablaba de la maraña de neuronas como selvas impenetrables, donde muchos investigadores se habían perdido. Y murió amargado porque no pudo entender la corteza cerebral, foco fundamental de su trabajo”, comentó Yuste.

“El ejercicio de registrar neuronas de una en una dio lugar a grandes avances de la neurociencia, pero todavía no ha permitido entender cómo funciona el cerebro, y explicar cómo surge la actividad cognitiva”, se lamentó Yuste.

Y prosiguió: “Estudiar una neurona individual es igual que ver una película en televisión si solo se mira un pixel. Por más que se mire un solo píxel, nunca se tendrá la película completa, porque la imagen surge de la interacción de pixeles individuales”.

Percepciones artificiales

Mediante las conexiones entre neuronas, según el investigador, el sistema nervioso puede crear estados de actividad independientes del mundo, esto es, simbolizar las entidades del exterior y manipularlas mentalmente.

En su laboratorio, Yuste y sus colaboradores determinaron los patrones de actividad neuronal en un animal cuando está realizando una acción, por ejemplo, en un ratón que había aprendido a chupar de una bombilla cuando veía una imagen determinada, y a no ejecutar la acción si la imagen no aparecía.

Una vez identificados los circuitos que se activaban en cada caso, los investigadores los manipularon de modo que el ratón, sin ver la imagen, se comportaba como si la viera, y chupaba la bombilla. Es decir, al ratón le generaron una percepción.

El objetivo final del mapeo de los circuitos neuronales del cerebro humano es poder manipularlos para tratar los trastornos mentales.

Neuroderechos

– Si se logra manipular los circuitos neuronales, ¿cuál será el límite?

– Precisamente, la razón principal por la cual estoy en la Argentina es incorporar al país en la regulación de las neurotecnologías y de la inteligencia artificial, porque ya es posible, en animales, manipular los estados perceptivos de una manera bastante precisa, como si fueran marionetas. En teoría, se podrán analizar los patrones de actividad del cerebro de un humano y descubrir qué está pensando. Pero, antes de que esto ocurra, debe haber una protección legal.

– ¿Existe alguna regulación actualmente?

– No hay regulación y es un tema de derechos humanos: manipular o leer la mente de las personas altera su propia esencia. En un artículo publicado en Nature, con un grupo de 25 especialistas hemos propuesto el concepto de neuroderechos, para añadir a la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, y estoy trabajando con varios países para que cambien sus leyes, por ejemplo, con Chile, para enmendar la Constitución en este sentido. También estamos trabajando con la Comisión Europea, para buscar eco internacional en este tipo de propuestas.

– ¿Qué se propone, en concreto?

– En la Constitución de Chile, se define un término nuevo, neurodatos, que son los datos obtenidos de la actividad de las neuronas, y lo definimos con el mismo valor legal de un órgano del cuerpo, como un riñón o un hígado. Así como no puedes comerciar con órganos del cuerpo, no puedes comerciar con neurodatos. Se pueden utilizar con objetivos médicos, pero no con fines comerciales.

– ¿Cuáles serían esos neuroderechos?

Yuste brindó una charla en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Yuste brindó una charla en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

– Uno importante es el derecho a la privacidad mental. Si descifras la actividad cerebral y puedes descubrir lo que está pensando una persona, eso tendría que estar prohibido, porque vulnera su identidad. Solo se podría descifrar la actividad en caso de pacientes, con el fin de tratar, por ejemplo, la esquizofrenia o la depresión. Otro es el derecho al acceso igualitario a la aumentación cognitiva, en el caso de las interfaces entre cerebro y computadora, que se colocan con neurocirugía y permiten que una persona con daño en la médula, por ejemplo, pueda mover sus brazos, y se podría emplear para aumentar las capacidades cognitivas.

– ¿Esas personas serían superiores de algún modo?

– Sí, en efecto, el problema es grave, porque podemos generar dos tipos de personas: aquellos cognitivamente aumentados y la gente normal. Queremos evitar que esto ocurra con la propuesta de que se utilice el principio de justicia, y que se aplique no a aquellos que tengan más dinero, sino a quienes lo necesiten.

– ¿El conocimiento de los patrones de actividad del cerebro se podrá patentar?

– No es posible, sería como patentar la mente de una persona. Si estos neuroderechos se incorporan, así como tú no puedes tener un riñón en tu casa, tampoco podrías tener neurodatos de otras personas; y el acceso a esa información solo debería permitirse con fines médicos. La idea es abordar este problema con las reglas éticas y deontológicas de la medicina, de modo que los ingenieros que desarrollen redes neuronales, por ejemplo, se comprometan, mediante un juramento hipocrático, a utilizar su conocimiento para beneficio de la humanidad.

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