Juliana Gimenez y su grupo de investigación. Foto: Juan Pablo Vittori
Grupos de Investigación

Caracoles marinos

Mediante campañas oceanográficas el equipo de investigación de Juliana Giménez realiza la exploración del fondo de la plataforma marina argentina para encontrar nuevas especies de invertebrados y detectar cómo se distribuyen. La idea es estudiar el ciclo de vida de caracoles y bivalvos para entender cómo se desarrolla su vida en nuestros mares.

8 Jun 2011 POR
Juliana Gimenez y su grupo de investigación. Foto: Juan Pablo Vittori

Juliana Gimenez y su grupo de investigación. Foto: Juan Pablo Vittori

En el laboratorio de Biología de Invertebrados Marinos del Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental, un grupo de investigadores encabezados por la doctora Juliana Giménez investigan la vida en el mar. Su atención está puesta principalmente en el estudio de la biodiversidad de invertebrados, en especial de caracoles y bivalvos. Mediante estudios de campo y también en el laboratorio, estudian su ciclo de vida, cómo se relacionan, cómo y en qué momento se reproducen, cómo es su crecimiento y cuál es la edad máxima que pueden alcanzar, en qué hábitat se desarrollan, cual es su distribución, qué comen y por quién son comidos. También, a través de las pesquerías, estudian cómo se relacionan estas poblaciones con el ser humano.

“Nuestro mar posee una alta diversidad de invertebrados, muchos de ellos son endémicos. Por eso es necesario realizar estudios taxonómicos para poder comprender la diversidad biológica y los procesos de evolución”, dice la Dra. Giménez.

Para llevar adelante estas investigaciones, el equipo tiene como eje fundamental la observación y recolección de los animales en su hábitat. “Una de las dificultades mayores que atravesó el grupo fue el acceso a los sitios de muestreo, porque muchas de las poblaciones estudiadas se encuentran lejanas de la costa y a grandes profundidades. El acceso a embarcaciones es muy limitado en nuestro país”, explica la investigadora.

Sin embargo, mediante la colaboración institucional del CONICET, recientemente se han incorporado buques de investigación oceanográfica, como por ejemplo el A.R.A. Puerto Deseado, gracias al cual los especialistas tienen acceso a distintos sitios de estudio. “Mediante estas campañas oceanográficas nosotros realizamos la exploración en el fondo de la plataforma argentina y obtenemos registros de nuevas especies o nuevos rangos de distribución de las mismas. Es fundamental para el desarrollo de las ciencias marinas, el estudio multidisciplinario a través de las campañas oceanográficas; las posibilidades no sólo se abren para biólogos, sino también para químicos, geólogos y oceanógrafos”, completa Giménez.

“En el laboratorio, nuestra herramienta principal es el estudio histológico mediante el que analizamos el ciclo reproductivo, la talla en la cual ocurre la maduración sexual, observamos posibles alteraciones en distintos órganos, como glándula digestiva, aparato reproductor, etcétera”, relata la investigadora. En colaboración con el Alfred Wegener Institute, en Alemania, los especialistas también estudian la edad y el crecimiento de los caracoles utilizando isótopos estables de oxígeno y, a través de isótopos estables de carbono y nitrógeno, obtienen información sobre la red trófica.

“El estudio histológico, así como el análisis de  la ultraestructura de espermatozoides y de las células de la espermatogénesis de organismos que han sido expuestos a ambientes contaminados, permite predecir posibles alteraciones en sus estructuras, lo que podría afectar la reproducción y el metabolismo y, a largo plazo, conllevar a cambios poblacionales”, dice la Dra. Giménez.

El impacto ambiental generado por las distintas actividades del hombre en el ecosistema marino ocurre principalmente sobre las zonas costeras. La biodiversidad allí presente es más vulnerable a la contaminación, sobreexplotación pesquera y efectos derivados, degradación del hábitat o a invasiones biológicas por especies foráneas. “Es de esperar que en las costas con menor influencia antrópica, las comunidades costeras se encuentren menos modificadas, por eso, el estudio comparativo con zonas costeras más aisladas o alejadas a los asentamientos nos brindará una imagen más real del estado natural y de la composición de comunidades no alteradas por acción humana”, explica Giménez. Justamente por eso, como nueva línea de investigación, el grupo también está estudiando cómo se ve alterada la reproducción y el metabolismo de los caracoles y bivalvos a partir de diferentes condiciones de estrés en el medio ambiente, como podrían ser los contaminantes.

Pero, más allá de la investigación científica, los estudios realizados podrían ser aplicados a la regulación de la actividad pesquera. Existen pesquerías locales de mejillones y caracoles, que carecen en algunos casos de medidas de control y regulación. “La pesca de los invertebrados y, en especial de los caracoles, es importante, y hasta el momento poco conocida”, acota Giménez. “Desde hace más de diez años existe en nuestro país una pesca continua del caracol marino Zidona dufresnei, el cual es exportado en su mayoría y aún no existe regulación en cuanto a la captura máxima y a vedas de pesca. Nosotros pensamos que es necesario integrar las ciencias biológicas a la comunidad, porque que el conocimiento biológico de estos sistemas genera condiciones de manejo de los recursos que proporcionarían rendimientos sustentables”, finaliza Giménez.

 

Laboratorio de Biología de Invertebrados Marinos (Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental)

Cuarto Piso, Pabellón II. 4576-3300 int. 266

Dirección: Dra. Juliana Giménez.

Integrantes: Dra. Florencia Arrighetti, Lic. Mariel A. Ojeda, Bach. Henrique Knack de Almeida, Vanessa Rivero Muñiz, Paula de la Barra, Paula Cossi.

Tesistas de doctorado: Lic. María Eugenia Torroglosa.