Comportamiento animal

La comunidad de la araña

Destacada — por el 26/03/2019 a las 14:56

No son tan solitarias como podría pensarse. En efecto, unas 60 especies de arañas, de un total de varias decenas de miles, son sociales y viven en comunidad, y ello les brinda varias ventajas: les facilita la construcción de la red trampa y la captura de presas más grandes y en mayor número. Estas arañas sociales se ayudan entre sí en la alimentación y el cuidado de las crías y, a diferencia de otras especies, no practican el canibalismo sexual.

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Las arañas sociales son una minoría, pues, de un total de alrededor de 48 mil especies de arañas, solo unas 60 han optado por vivir en comunidad.

Las arañas sociales son una minoría, pues, de un total de alrededor de 48 mil especies de arañas, solo unas 60 han optado por vivir en comunidad.

No han tenido buena prensa. Con sus ocho patas, parecen amenazadoras. Además,  practican el canibalismo, y algunas son venenosas. Las suponemos solitarias, siempre al acecho de la presa, en sus telas finísimas. Sin embargo, algunas son sociales, es decir, forman colonias, construyen nidos para albergar a las crías y se reparten las tareas domésticas.

“El comportamiento social de las arañas es muy llamativo, porque se las suele pensar como agresivas y peligrosas, y uno no esperaría que puedan ser capaces de vivir en grupo”, dice Carmen Viera, jefa del Departamento de Biología Animal y del Laboratorio de Ecología del Comportamiento del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, de Montevideo, Uruguay, y también profesora en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, en ese país.

Y prosigue: “Las arañas sociales son una minoría, pues, de un total de alrededor de 48 mil especies de arañas, solo unas 60 han optado por este tipo de vida”.

Viera estuvo en la Argentina participando en un curso de posgrado que se dicta en el Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Vida social

Se considera que un insecto o un artrópodo es social si vive en comunidad con otros individuos emparentados: las madres con sus crías y otros parientes, lo que implica compartir un pool de genes. Las arañas sociales fueron descubiertas al analizar telas y hallar en ellas multiplicidad de arañas pequeñas, las cuales pertenecían a la misma familia, según los análisis genéticos que luego se realizaron.

Carmen Viera.

Carmen Viera.

Lo cierto es que hay distintos grados de sociabilidad, y las arañas no podrían compararse con insectos sociales como las abejas y las hormigas. “Las arañas fueron consideradas como las primas pobres, porque no tenían esa gran capacidad constructora y productora. Por ello, a la luz de esa mirada, durante mucho tiempo no se les dio la importancia que merecían”, reflexiona Viera.

La sociedad de las arañas es más democrática que las de otros insectos sociales: no hay castas, tampoco reinas ni obreras, y todas colaboran en las tareas. Además, han inhibido la agresividad para poder tolerarse.

Todas las arañas son carnívoras y se alimentan de insectos; en el caso de las sociales, la vida en comunidad les permite capturar mayor cantidad de presas y de mayor tamaño. También se ayudan entre sí en la construcción de la red trampa, y en la alimentación y el cuidado de las crías, evitando que ácaros y bacterias acudan al lugar donde están los huevos.

Las arañas sociales construyen sus nidos con las hojas secas del árbol, antes de que caigan, y también con hojas verdes, en las cuales se encuentran los insectos que les sirven de alimento. En esos nidos suele haber una temperatura unos 5 ó 6 grados por encima o por debajo de la temperatura externa, según la época. Eso brinda un microclima que les permite sobrevivir a las variaciones térmicas, y las protege de las inclemencias del tiempo, la lluvia o el viento.

En general, entre las arañas hay una alta mortalidad “infantil”, es decir, la proporción de crías que alcanzan la adultez es muy baja. Por el contrario, entre las arañas sociales, es mayor la proporción de individuos que llegan al estadio adulto, debido al cuidado que reciben las crías.

En áreas de clima tropical, donde hay abundancia de insectos durante todo el año, las colonias de arañas sociales tienen un mayor tamaño (grupos de diez mil individuos) porque disponen de gran cantidad de presas. En cambio, en zonas de clima templado, conforman grupos más modestos, de entre 100 y 200 arañas, generalmente la madre con dos generaciones de descendientes.

Viera estudia, “en forma comparativa, grupos de arañas de distintos niveles de sociabilidad de Uruguay y Brasil, analizando las ventajas de la vida en comunidad y las limitantes para alcanzar un mayor grado de sociabilidad”, detalla.

Canibalismo sexual

Entre las arañas existe el canibalismo altruista, por ejemplo, cuando la madre se deja comer por sus hijos, lo que se denomina “matrifagia”. Y también existe el canibalismo sexual, cuando la hembra devora al macho luego de la cópula.

En cambio, entre las arañas sociales no hay canibalismo sexual. No obstante, según comenta Viera, “estas arañas presentan aspectos interesantes de la cópula. Por ejemplo, los machos pueden cortejar a hembras que todavía no son adultas”. Y prosigue: “Estamos evaluando la función que puede tener esa conducta, y pensamos que es algo beneficioso para las hembras, que son el doble de numerosas que los machos. Así, las juveniles tratan de atraer a los machos para tenerlos a mano cuando se conviertan en adultas; para los machos, la ventaja reside en que son los primeros en copular con una hembra virgen”.

La investigadora y su equipo estudian en detalle la vida de estas arañas sociales: determinan cómo se distribuyen en las colonias, miden el tamaño de los nidos y analizan la composición etaria (número de adultos y de juveniles) en las distintas especies. También llevan las arañas al laboratorio, donde reconstruyen los nidos y estudian diversos aspectos del comportamiento, por ejemplo, cómo las madres cuidan a sus descendientes. También la conducta sexual, estudiando el cortejo y la cópula.

Lo cierto es que las arañas pueden desmentir los mitos que se han tejido en torno de ellas. No sólo pueden vivir en comunidad sino que también pueden ejercer un control sobre insectos que son perjudiciales para los humanos o para los cultivos.

 

La araña de Viera

El género Anelosimus comprende diversas especies de arañas sociales, una de las cuales es autóctona de Uruguay y fue estudiada durante muchos años por la aracnóloga Carmen Viera. Su color es marrón claro, tendiendo al amarillo, y hasta hace poco no tenía un nombre propio. Ahora se denomina Anelosimus vierae, es decir, la especie toma su nombre del apellido de la investigadora, adaptado al latín. La denominación la dio el científico islandés Ingi Agnarsson, quien publicó la descripción de esta nueva especie en la revista especializada Journal of Arachnology. Anelosimus vierae habita en casi todo el Uruguay en nidos construidos en árboles de hoja perenne, donde Viera llegó a contar un máximo de 180 ejemplares en comunidad.

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