Luisa Massarani

Un periodismo científico más crítico

perfiles — por el 23/08/2013 a las 13:20

La comunicación pública de la ciencia no solo se realiza a través de los medios. También se divulga conocimiento en los museos de ciencia. Luisa Massarani es directora del Museo de la Vida, vinculado a la Fundación Oswaldo Cruz, una de las más importantes instituciones de investigación biomédica de América Latina. Allí, conversó con Noticias Exactas.

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Alicia Massarani

Alicia Massarani. Foto: Gabriel Rocca

Entrevista a Alicia Massarani

Descargar archivo MP3 de Alicia Massarani

Comenzó a trabajar en la divulgación de la ciencia en 1987. Es periodista, egresada de la carrera de Comunicación Social. Realizó una maestría en ciencias de la información y un doctorado en bioquímica médica, en la Universidad Federal de Río de Janeiro. Además de efectuar investigaciones sobre la divulgación científica ha escrito libros para niños. También, es coordinadora regional de la red SciDev para América Latina, un proyecto internacional que busca dar visibilidad al conocimiento que se produce en los países en desarrollo. Se define como “una mariposa que vuela de tema en tema”.

– ¿Cómo decidiste dedicarte a la divulgación científica?

– Hay un momento en la vida de todo joven en que se debe elegir una profesión y pasar una prueba, llamada “vestibular” aquí en Brasil, que es una pesadilla. Si no la pasás, es un drama familiar. Como no tenía idea de lo que quería, hice el vestibular para Medicina, Farmacia y Comunicación, es decir, estaba superubicada (ríe). En verdad, me gustaba la ciencia pero no para estudiar algo específico. Era como una mariposa, para cada día, un tema distinto de la ciencia. Pronto supe de la revista Ciencia Hoje, creada por la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia. Hice una pasantía allí, trabajando en divulgación científica y descubrí que me encantaba.

– ¿Hubo algún factor en tu adolescencia que te llevara a interesarte por la ciencia?

– Mis padres eran ingenieros químicos. Mi papá, en particular, era profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro y tuvo un papel importante en la consolidación de un primer posgrado de Ingeniería en Brasil en la década de los 60. Era un momento muy difícil en este país, por la dictadura. Yo nací en 1966, y viví muy de cerca todo ese proceso. La ciencia fue parte de mi historia familiar.

– ¿Desde que comenzaste hasta el presente, hubo cambios en la divulgación científica en Brasil?

– Sí, hubo cambios muy importantes. En 1987, cuando empecé, había un movimiento muy interesante en periodismo científico, y los principales diarios brasileños tenían secciones de ciencia. En los años 90 eso empezó a decaer, pero un hubo un incremento de la actividad de museos y centros interactivos de ciencia. Se creó, por ejemplo, el Museo da Vida, y desde entonces hasta ahora el crecimiento ha sido fuerte, aunque muy concentrado en la región sudeste, en Río de Janeiro y San Pablo. Desde el punto de vista político, también hubo algunos momentos importantes. Por ejemplo, en 1985 se creó el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación, y dentro de este, en el 2003, con el presidente Lula, se creó una Secretaría de Inclusión Social y un Departamento de Popularización de la Ciencia. Hoy hay fondos para proyectos de divulgación científica. El CNPq (Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico), equivalente al CONICET, ahora tiene un comité específico para la divulgación científica.

– ¿Esto se acompañó de cambios en la mentalidad de los científicos respecto de la divulgación?

– Hubo un cambio en la conciencia. Hoy, cuando un investigador pide un subsidio, llena un formulario donde hay un casillero para indicar actividades de divulgación científica. Además, hubo un incremento importante de tesis de maestría y doctorado en esta temática. En 1980 se defendió la primera tesis de doctorado en Brasil, y hoy tenemos unas 400, entre doctorados y maestrías sobre divulgación científica. Hubo un cambio importante de formación de la gente, y más posibilidades de trabajo. Es algo que no pasaba cuando yo empecé, cuando no había gente que trabajara en divulgación científica en instituciones de investigación, salvo que fueran científicos.

– Parece un proceso parecido al de la Argentina, donde la mayor parte del esfuerzo está puesto por el Estado.

– Sí, es parecido. Pero yo estoy hablando de lo que sucede en Río y San Pablo, los museos de ciencia están aquí, pero Brasil es inmenso.

– ¿Estás realizando investigaciones en divulgación científica?

– Sí, hemos creado aquí el núcleo de estudio de divulgación científica, porque me preocupa mejorar la calidad de esta actividad. Queremos ver cómo cubren los temas los periodistas en los medios masivos, hacer un diagnóstico y ver cómo mejorar, dando capacitación en divulgación científica.

– ¿En los estudios que realizaron, a qué conclusiones llegaron?

– Según lo que observamos, divulgamos una ciencia muy estática, muy bien consolidada. Y me parece que debemos mostrar el propio proceso de construcción de la ciencia, que involucra controversias, incertidumbres. Un museo de ciencia, u otras actividades de divulgación, tienen que estimular a la gente a pensar y discutir el impacto que la ciencia y la tecnología tienen en sus vidas y la sociedad.

– Aquí, en el Museo, se realizan muchas actividades para los niños…

– Me parece que los niños son un público ideal para divulgar, por muchas razones. Son súpercuriosos, y eso es indispensable para la divulgación científica. Hacen preguntas muy interesantes, aprendemos mucho con ellos. Por ejemplo, hice tres libros para niños, uno es de fútbol; otro de dinosaurios, con la idea de enseñar que nuestros países tuvieron dinosaurios; y uno sobre los transgénicos, que es un tema complejo, con mucha discusión. En el Museo tenemos un proyecto de dos exhibiciones: una es la aventura del cuerpo humano, y que los niños viajen dentro de él. Otro, que está en construcción, es para interesarlos en la biodiversidad, con un lenguaje de videojuegos. Desarrollar estrategias para involucrar a los chicos en la ciencia y la tecnología es divertido y provocativo. Puede ayudarlos a tener una formación, una reflexión ciudadana. Este es un aspecto importante. Creo que las actividades de divulgación científica en ese momento de sus vidas pueden tener un impacto importante para su futuro como adultos.

– En tus investigaciones sobre medios, buscás conocer qué entiende la gente a partir de las noticias de ciencia…

– Estamos trabajando con telediarios e intentamos ver qué sentido construye la gente a partir de lo que ve, y esto es mucho más que saber qué entiende. En general, tenemos una visión muy lineal de la divulgación científica y el público: la idea de que el mensaje va del emisor al destinatario. En los últimos años, especialmente en América Latina, hay estudios que muestran que este proceso es mucho más complejo. Por eso hablamos de construir sentido, porque la forma en que el público mira lo que está en los medios masivos se vincula a toda su historia familiar, al contexto de país, cultural y social.

– ¿Cuánta gente trabaja en el Museo?

– Somos más de cien, con formaciones muy distintas, y es nuestro interés que sea así. Hay gente de comunicación, educación, física, biología, entre muchas otras. Hay unas 40 personas con trabajo estable, algunos con doctorado. Otros 40 tienen un trabajo estable pero no pasaron por un concurso público. Y hay un número importante que tiene becas. Creamos un programa que busca involucrar a universitarios de diversas disciplinas. Es como si fuera un primer trabajo y la idea es atraer a los futuros científicos a la divulgación. También tenemos artistas. Por ejemplo, tenemos el proyecto de hacer una parte de teatro, que me parece aporta un lenguaje muy interesante a los museos de ciencia. Mi crítica acerca de los museos de ciencia es que parece que todavía estamos dando clase. Creo que el teatro es una oportunidad de atraer y provocar a la gente no ya desde la explicación, sino desde la emoción.

– Algunos periodistas en la Argentina consideran que el periodismo científico es poco crítico. ¿Vos lo ves de esta manera?

– Sí, es un punto clave que defendemos. En un trabajo analizamos los diarios de América Latina, incluidos La Nación y Clarín, y vimos que el periodismo científico es muy positivo. Muchos de los periodistas científicos son muy entusiastas de la ciencia. Y otros creen que no debemos hablar de controversias, sino de lo bueno de la ciencia. También se observa que la ciencia, cada vez más, ocupa otras secciones. Muchas veces, cuando el tema se trata en otra sección, se adopta una mirada más crítica o menos positiva de hablar de ciencia. Por ejemplo, el tema de transgénicos, en las secciones de ciencia se presentaba en forma aséptica, en cambio, en las de economía o campo había mayor controversia.

– ¿Cómo hacer para que haya una mirada crítica de la ciencia?

– En SciDev hacemos algunos esfuerzos. En las notas, habla el científico que desarrolló la investigación, pero también el científico independiente que evalúa el significado de la novedad. A mí me interesa la controversia, porque habla del propio desarrollo de la ciencia, y además es bueno para atraer al público, porque hablamos de emociones fuertes. Es importante mostrar que la ciencia no está encerrada, sino que tiene mucho que ver con la economía, la política y la sociedad en su conjunto.

– ¿Qué es SciDev?

– SciDev es un proyecto increíblemente lindo y único. Surgió hace tres años, de la cabeza de un matemático británico, muy conocido como periodista científico, David Dickson. Él trabajó en Science y Nature, las dos biblias de la ciencia. Y en un momento, en el Foro Mundial de la Ciencia, propuso hacer un proyecto piloto sobre la ciencia del mundo en desarrollo, esta ciencia que está como invisible. El proyecto piloto funcionó muy bien. A partir de ese momento decidió crear SciDev. Lo conocí justamente cuando el proyecto estaba en gestación. La creación de esta red de ciencia y desarrollo fue decisiva incluso para cambiar la agenda por ejemplo de Science y Nature. SciDev tiene este papel único de hablar sobre la ciencia de los países en desarrollo y de una forma muy vinculada al desarrollo. O sea que es ciencia y desarrollo en los países en desarrollo. A mí me encanta.

– ¿Por qué decís que logró producir un cambio en Science y Nature?

– SciDev tiene una producción específica, con corresponsales en todos los países. Tiene un portal principal y portales regionales. El primero en crearse fue el africano; enviaron a un británico para que lo desarrollara, y funciona bien. El segundo portal fue el de América Latina. En este caso viajaron hacia aquí y buscaron a alguien para hacer el trabajo. Y es el más exitoso de todo el proyecto, y creo que se debe a tener gente local para que hable de ciencia. Lo que empezamos a tener es material novedoso, porque no se conocía mucho de la ciencia en desarrollo. Se lo puso en inglés para darle mayor visibilidad a la ciencia de nuestros países y SciDev tenía la producción propia pero, como tenía una conexión con Nature y Science, logró ponerlas juntas. Por eso decimos que es el único sitio donde las dos biblias rivales de la ciencia están juntas. Incluso algunos artículos de estas revistas tienen acceso libre en SciDev. Efectivamente hubo un flujo muy fuerte entre esas revistas y SciDev, pues muchas veces ellas usan como tema notas que salieron en esta red.

– Decís que en SciDev escriben en inglés…

– El portal principal está en inglés. Los portales regionales tienen sus idiomas locales, hay parte en chino y en árabe, y América Latina, en español. Desde el punto de vista regional es importante porque la verdad es que no conocemos la ciencia de los vecinos. Tenemos más acceso a la ciencia de los Estados Unidos y Europa que a la de nuestros países. Parte de la producción de notas es traducida al inglés y sale en el portal principal, con lo cual se lo pone en conocimiento de quienes manejan ese idioma.

– Algunos científicos están preocupados porque en muchas películas de Hollywood, como Avatar o Jurassik Park, la ciencia ocupa el lugar del doctor Frankenstein, desarrolla elementos que terminan en desastres. ¿Vos crees en esta visión?

– Hay estudios que señalan que las películas presentan un estereotipo del científico como un loco, con los pelos parados, aislado del mundo real. En dibujos para niños a veces es así. Pero estas películas atraen mucha gente. Aquí tuvimos una discusión acerca de una telenovela brasileña, con gran audiencia, que fue “El clon”. Muchos científicos decían que era pura basura, y los contenidos eran incorrectos. A mí me pareció un momento increíblemente interesante en que se podía hablar de clonación, genética, determinismo genético, y en qué medida los genes y el contexto pueden influir en la formación de las personas. Esta telenovela tuvo un papel importante para elevar la formación científica del país.

– ¿Qué aspectos son centrales en la formación de un divulgador?

– Quizás un aspecto fundamental es mostrar que la divulgación científica no es solo transmitir contenidos. Mostrar una ciencia menos estática, que discute sus controversias e incertidumbres. Además, aunque parezca obvio, me parece fundamental en la capacitación el pensar en el público. En general, en los encuentros o capacitaciones, hablamos del mensaje, del científico, de la relación científico-periodista, pero no hablamos del público. Un aspecto clave es conocer más al público o los públicos.

 

Ciudad Maravillosa

En marzo de 2013, Susana Gallardo, Cecilia Draghi, Gabriel Rocca y Gabriel Stekolschik, miembros del equipo editorial de EXACTAmente viajaron a Río de Janeiro por ser los ganadores del Primer Premio a la Comunicación Pública de la Ciencia y la Tecnología, que entregó en 2011 el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación Productiva de la Nación por el Dossier Biodiversidad, publicado en el número 41 de EXACTAmente.

Los periodistas visitaron el Museu da Vida, que pertenece a la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), la principal institución de ciencia y tecnología en salud de América Latina, fundada en 1900 por el reconocido epidemiólogo brasileño Oswaldo Cruz. Su discípulo Carlos Chagas fue quien aisló, en 1908, el parásito Tripanosoma cruzi, llamado así en honor a su maestro.

Además de entrevistar a Luisa Massarani, directora del Museo, los periodistas recorrieron las instalaciones y muestras interactivas que informan y educan en ciencia, salud y tecnología en forma lúdica y creativa.

También visitaron la revista Ciência Hoje, donde intercambiaron ideas con Alicia Ivanissevich, editora de la versión impresa, Carla Almeida, editora de la versión online, y Catarina Chagas, editora de la versión online de Ciência Hoje para niños.

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