
La voz pierde calidad, se vuelve más rasposa y se habla más lento cuando concluye la participación en el diálogo y advertimos al otro que es su turno para expresarse. Así lo indican estudios hechos por el investigador Agustín Gravano, del Departamento de Computación de la Facultad, que buscan trasladar estos conocimientos a sistemas informáticos.