Entrevista al físico Alberto Rojo

“El talento está sobrevalorado”

perfiles — por el 18/12/2017 a las 10:11

El polifacético científico y artista está en Buenos Aires. Fue invitado para ser jurado en un concurso docente y dictar un coloquio en la UBA. De paso, se dará el gusto de dar un concierto el próximo viernes en Café Vinilo. Pese a su apretada agenda, se dio tiempo para conversar con NEXciencia.

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Alberto Rojo. Foto: Exactas Comunicación.

Se licenció y doctoró en Física en el prestigioso Instituto Balseiro de Bariloche. Tiene decenas de trabajos publicados en revistas científicas internacionales y, actualmente, es profesor del Departamento de Física​ de la Universidad de Oakland, en Michigan, Estados Unidos.

A la par de sus investigaciones -que recorren la física cuántica y la matemática aplicada- compone música, pinta, escribe libros, es un prolífico divulgador de la ciencia, estudia dibujo y da conciertos de guitarra. Tocó con Charly García, Mercedes Sosa, Pedro Aznar y Victor Heredia, entre otros. El próximo viernes, junto a su trío, presentará material de sus discos en Café Vinilo, con Luis Pescetti y Facundo Ramírez como invitados.

Resulta imposible abarcar a Alberto Rojo con una introducción periodística. Por eso, se le pide a él que se presente a sí mismo. Aunque reside desde hace muchos años en Estados Unidos, responde con su tonada tucumana: “Soy un curioso inveterado”.

Hace un silencio, y luego añade: “Yo me presentaría diciendo: mirá, esto es lo que hice, y esto es lo que estoy queriendo hacer. Soy lo que hice y los planes que tengo de hacer cosas. Sobre todo los planes. Pero, bueno, soy doctor en física, soy músico, soy escritor, soy divulgador… me gusta hacer esas cosas. Me gusta la pintura, me gusta el dibujo, me gusta cocinar…”

"No he conocido ningún físico activo que no haya leído a Borges y que no sepa frases enteras de él", dice Rojo con admiración. Foto: Exactas Comunicación.

“No he conocido ningún físico activo que no haya leído a Borges y que no sepa frases enteras de él”, afirma Rojo. Foto: Exactas Comunicación.

– Sos difícil de estereotipar…

– Justamente, yo creo que hay que avanzar sobre los estereotipos. Cada uno es un individuo y tiene su propia historia. Muchas veces somos víctimas de las categorizaciones universitarias, las categorizaciones disciplinarias, y el Universo no se organiza como las universidades. Nos metemos dentro de ciertos cubículos de clasificación cuando, en realidad, esos cubículos son simplemente artificios para poder clasificar un poco nuestro conocimiento de la naturaleza. Creamos esas cosas y después muchas veces nos encorsetamos en esas clasificaciones y quedamos en estereotipos. Yo trato de convencerme a mí mismo de que esas son cosas artificiales y trato de hacer lo que me gusta. Y en lo que me gusta hay conexiones con todas las disciplinas. Tuve la fortuna o el tesón suficiente para poder ganarme la vida haciendo todo eso junto.

– En algún momento, te definiste como un generalista en el siglo de los especialistas. ¿Cómo es andar en contra del paradigma?

– Está bueno ser contrario. Como dijo Ortega: En este tiempo de corrientes y abandonos es bueno escuchar a la gente que no se deja llevar. Mi viejo repetía siempre esa frase. Tratar de pensar las cosas por tu cuenta, que es una cosa que le admiré mucho a Borges. No me da para la duda metódica, pero sí trato de pensar las cosas por mi lado. Es difícil, porque hay toda una cuestión de carriles en los que, si vos entrás, tu vida, tu reputación, tu prestigio, tu carrera… Yo no me puedo quejar, pero siento que siempre hay algo más que podría haber conseguido si hubiera sido un especialista. Pero lo que habría conseguido como logro de reconocimiento quizás no habría estado del lado de mi satisfacción íntima, de lo que quise hacer con mi vida. De estar en el mundo y tratar de ver, en este breve tiempo que tengo, cómo lo aprovecho mejor. En un mundo que está regido por ciertos valores del capitalismo, la especialización es indispensable. Una comunidad de gente como yo no sirve para mejorar la eficiencia de la pantalla del Iphone. Necesitás un especialista para eso. Quizás, las visiones interdisciplinarias, que no tienen que ver con una especialidad, puedan ayudar también a los especialistas. Yo creo que somos necesarios los dos.

– Alguna vez escribiste sobre ciencia y religión, y afirmaste que el ateísmo es anticientífico.

– Si. Porque me parece que el ateísmo da una respuesta contundente a una pregunta mal formulada. Y el científico, normalmente, no da respuestas contundentes a preguntas mal formuladas. Primero hay que formular bien la pregunta y, después, dar una respuesta que no sea contundente sino provisoria. Por ejemplo, la ley de la gravedad es una respuesta provisoria. La Ley de Newton después es revisada por Einstein y quizás más adelante sea revisada en otro contexto. Borges dice que las pruebas de la muerte son estadísticas, porque todo el mundo corre el albur de ser el primer inmortal. Entonces, todo cuerpo corre el albur de no caer de acuerdo a las leyes de gravedad. Por lo tanto, negar contundentemente que haya algo más allá del mundo físico me parece una exageración. El hecho de que no tengamos evidencia no quiere decir que yo esté habilitado a dar una respuesta contundente por el no.

– ¿La ciencia tiene elementos religiosos?

– No. Digamos… hay ciertos elementos de actos de fe. Es cierto. Porque, ¿de dónde salen las leyes de Newton? No sabemos. ¿Por qué el Universo es como es? No sabemos. La ciencia no se pregunta por qué las leyes son como son. La pregunta que se hace es cuáles son esas leyes, cuáles son las regularidades de la naturaleza, de qué manera podemos sintetizar ese gran milagro que es la existencia de la naturaleza. La ciencia parte de que las cosas son así. El asunto es acercarnos con más profundidad a ese “así”. Las ideas científicas se construyen en base a intuiciones subjetivas. Pero la ciencia no es una religión porque no hay un dogma incuestionable que se crea caprichosamente y permanece inmóvil a lo largo del tiempo. Un dogma que se crea caprichosamente porque a mí me habló Dios y yo lo escuché y me dijo eso. Eso no es tolerable dentro de la ciencia.

– ¿Creés en Dios?

– No, no soy creyente. Pero no soy ateo. El agnóstico, que yo entraría más o menos en eso, es un ateo que no tiene los huevos para ser ateo (se ríe). Hay veces que estás en el medio, incluso con las verdades científicas. En un momento, yo estaba en el medio con el calentamiento global. Y ahí también hay capos que dicen “es absolutamente así”. Mi respuesta sería: no soy ateo. Porque estoy abierto a la posibilidad de que me demuestren que existe algo más allá del mundo físico.

– Escribiste un libro sobre el azar en la vida cotidiana. ¿Qué opinás del rol del azar en los hallazgos de la ciencia, de eso que se denomina serendipia?

"Una teoría científica que es lo suficientemente linda, elegante, sofisticada, tiene grandes chances de describir un fenómeno. Las teorías científicas son especies de obras de arte", afirma Rojo. Foto: Exactas-Comunicación.

“Una teoría científica que es lo suficientemente linda, elegante, sofisticada, tiene grandes chances de describir un fenómeno. Las teorías científicas son especies de obras de arte”, asegura Rojo. Foto: Exactas Comunicación.

– La serendipia de los descubrimientos y de la manera en que hemos construido la ciencia te muestra que si la historia hubiese sido otra quizás la estructura de la ciencia hubiese sido otra. O sea, esas cuestiones del azar en los descubrimientos hacen que estemos construyendo un sistema científico que para mí es uno entre varios. Hay muchísimos casos de descubrimientos científicos simultáneos de gente que no tiene contacto entre sí. En el fondo hay como una especie de mente colectiva que se va moviendo dentro de un sistema azaroso, pero todos más o menos por el mismo carril. Los anticipos literarios de la ciencia también van de la mano de esa mente que estaba intuyendo, una intuición colectiva que es parte de la ciencia y que transpira hacia otras disciplinas que no entienden la ciencia. Ahí está, yo creo, la conexión con el arte en cierto punto. Porque la ciencia es una creación de la mente. Es la manera que tenemos nosotros de entender la naturaleza. La misma imaginación que crea el arte es la que crea la ciencia. Y por eso es que hay anticipos científicos en la literatura. Hay ideas que, cuando son bien sofisticadas, caso Borges, caso Lewis Carrol, caso Swift, terminan después desembocando en la ciencia.

– Justamente, sobre Borges escribiste varios textos. ¿De dónde viene tu interés por él?

– Primero, porque lo leí de chico y me encantaba su literatura. Después, cuando fui a Bariloche, empecé a descubrir cómo los científicos lo citan a Borges. Es el poeta más citado por científicos. Hace dos años tenía 4500 citas. Yo tuve la ocasión y la fortuna de conocerlo y de poder decirle esto a él, y de ahí me quedó la idea de empezar a estudiarlo en su manera de ver la ciencia. Él no tiene esa veneración hacia la ciencia que tienen los demás escritores. En este sentido, uno de los textos más interesantes es el del mapa del imperio del tamaño del imperio, que es una especie de ironía sobre la ciencia. O sea, en ciencia, si vos escribís todo con absoluta precisión no sirve para nada. Tenés que sintetizar. La poesía tiene algo de vínculo con la ciencia en el sentido de que es la búsqueda de la verdad. Pero la poesía avanza sobre lo inexpresable. Y, como en la física y en la matemática muchas veces te encontrás con enunciados matemáticos sobre la naturaleza cuyo significado en nuestras palabras es difícil de desentrañar, necesitás de la metáfora que sea capaz de avanzar más allá, acercándonos a lo inexpresable. Y Borges, además de ser muy lírico y pasional, construye esas metáforas con mente racional, porque es un escritor de ideas. Expresa ciertas verdades que tienen que ver con la ciencia sin saber ciencia. Y, constantemente, aparece como auxiliar en la lógica del pensamiento. Además de que hace anticipos, como el caso de física cuántica. Él está anticipando, sin saber, cosas que no sabe que sabe. No he conocido ningún físico activo que no haya leído a Borges y que no sepa frases enteras de él.

– Borges jugaba mucho con el tiempo, una magnitud relevante de la física. ¿Qué es para vos el tiempo?

– Te voy a dar la respuesta de científico: es lo que miden los relojes (se ríe). También pienso el tiempo de la música, que es más o menos el tiempo de la ciencia. Hay muchas ideas sobre el tiempo. La que a mí más me intriga es por qué hay una diferencia entre pasado y futuro. Por qué hay un pasado y por qué hay un futuro cuando, en realidad, la física no distingue entre el pasado y el futuro.

– Vos decís que la matemática da miedo y la física inspira odio…

– Sí. Lamentablemente. Siempre lo pienso y creo que, en el fondo, el responsable de eso es el sistema educativo. El sistema de evaluación, el sistema de la nota, de pasar de grado. El arte y la ciencia son igualmente difíciles. Pero el arte tiene una cosa mucho más amable en cuanto al sistema de aprenderlo. Yo insisto en la idea de que el talento está sobrevalorado. La sobrevaloración consiste en decir, por ejemplo, que nacemos con capacidades para la matemática, y que el que nació para la matemática va a ser matemático. Y no es así. El que a los cinco años ya mostró capacidades para la matemática, es porque a los tres años cuando su padre, o alguien, vio que hacía algo bien, lo alentó. Y después construís sobre ese aliento. El miedo es a la nota y a la vergüenza de ser peor que el de al lado, y sentirte medio bruto porque no entendías ecuaciones. A los chicos les encanta pintar, les encanta cantar, y se asombran. Se asombran de todo. Entonces, deberíamos construir sobre esa sensación de asombro y empezar a estimular con la lógica que hay detrás de eso, sin evaluarlo después y decirle “no aprendiste la regla de tres simple”.

– ¿No creés que los científicos sostienen a la ciencia en un lugar que la hace parecer inalcanzable?

– He escuchado colegas que me han dicho “dejá algo que no se entienda. A propósito. Porque si se entiende todo van a creer que es muy simple”. Y eso es una tragedia. Si ese es el punto de vista, no hagamos divulgación. Cuando tomaba clases de composición musical, le mostraba mis obras a mi profesora y le preguntaba: ¿No le parece muy sencillo esto que estoy haciendo acá? Me respondía: “No. Andá por la sencillez, que mucha gente se esconde detrás de la complejidad”. Ese esconderse detrás de la complejidad es parte de todo este mecanismo que hace que odiemos la física. El tema acá es que los mejores divulgadores son los que entienden mejor lo que hacen. O sea, si vos lo entendés muy bien se lo podés contar a cualquiera con las palabras que el otro entiende. Los detalles técnicos no, pero los principios fundamentales son comunicables al público en general. A mí me sedujeron los escritos de Sagan, los escritos de Richard Feynman. Que, en el fondo, te convencen de que entendiste. Cuando yo tenía 11 años, mi viejo me enseñó la Teoría de la Relatividad. Yo me quedé tan fascinado que fui a mis tíos a contarles. Cuando empecé a contarles me di cuenta de que no había entendido un carajo. Pero me quedaron las ganas de entender. La clave es transmitir la fascinación.

– ¿Hay un cierto temor en los científicos de ser criticados por sus pares cuando comunican al público?

– Por supuesto. Eso es parte de la sociología del prestigio científico. Somos personas. Y todos buscan la moneda de cambio. En la ciencia no es el dinero, sino la construcción de reputación. Y vos esa reputación la construís y no la querés ver desafiada. Querés el reconocimiento de tus pares, y hay un mecanismo de reconocimiento dentro de los científicos en donde la divulgación no juega un papel de élite. Históricamente. No nos olvidemos que a Carl Sagan nunca lo admitieron en la Academia de Ciencias. Hay esa cosa de subestimar: si vos hacés divulgación es porque no sos capaz de hacer ciencia.

– Le pregunto al músico: ¿hay una estética científica?

– Totalmente. Hay más de un ejemplo de descubrimiento científico al que no se ha llegado persiguiendo la explicación del experimento que no se entendía, sino persiguiendo un horizonte de elegancia, de simetría, de sencillez de la Teoría. Chandrasekhar, un indio que ganó el premio Nobel, un genio, tiene un montón de escritos sobre la belleza en la ciencia. Él dice que el gran milagro de la ciencia, o el gran enigma de la ciencia, es que todo aquello que la mente humana concibe como bello termina siendo verdadero. Entonces, una teoría científica que es lo suficientemente linda, elegante, sofisticada, tiene grandes chances de describir un fenómeno. El hecho de que haya estética en la ciencia es una evidencia de que es una creación mental. Las teorías científicas son especies de obras de arte. Que después, por supuesto, son antologizadas por el ida y vuelta de la experimentación.

– ¿Querés hablar de Argentina?

– Extraño la política científico-cultural del gobierno anterior. La valoración de la cultura y de la ciencia como parte integral del desarrollo de un país. Yo creo que el arte es muy importante y que la ciencia es muy importante, que tienen que estar en la primera frase de la agenda de la política. Y que no tienen que estar subordinados al bienestar económico y, después, si tenemos plata hacemos arte, y compramos un cuadro y lo colgamos en la pared. No veo con simpatía estas cosas de la política que están pasando. Quizás hay un detalle que no conozco, pero lo que yo vi que se hizo para la cultura y para la ciencia fue muy importante durante el gobierno anterior. Y me parece que no hay esa valorización en este momento.

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