Falleció a los 97 años

Una vida estelar

perfiles — por el 21/12/2012 a las 15:45

El pasado 18 de diciembre murió Jorge Sahade, un destacado astrónomo que hizo historia en la ciencia nacional. El más grande telescopio del Observatorio de El Leoncito, en San Juan, lleva su nombre, al igual que un asteroide. Fue el tercer graduado de astronomía del país y primer director del IAFE. Testimonios en primera persona de una entrevista realizada meses atrás.

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Cuando  a principios de año se realizó esta entrevista, Jorge Sahade estaba abocado a escribir su autobiografía. Dedicaba gran parte de su tiempo a recopilar recuerdos y atesorar momentos que hicieron historia en la ciencia nacional. Cordobés de nacimiento, platense por adopción, era un hombre que deambuló con su pasión por el universo, y siempre mostró su atracción irresistible por el cosmos. Fue el tercer graduado de la por entonces flamante carrera de Ciencias Astronómicas y Conexas en la Universidad de La Plata, donde se doctoró en 1943, y nunca más se detuvo. Su carrera resultó estelar. Fue el primer latinoamericano que llegó a presidir la Unión Astronómica Internacional entre 1985-1988; primer decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata; primer director y alma mater del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE); primer Presidente de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales; Premio Konex 1983 de Física y Astronomía, entre muchísimos otros galardones. Además, lleva su nombre el primer y más grande telescopio del Observatorio de El Leoncito, en San Juan, que mucho hizo él para su existencia. “Varias cosas llevan mi nombre: un asteroide, el premio a la Trayectoria de la Asociación Argentina de Astronomía, el salón de actos del Observatorio de la Universidad de Honduras, y varias cosas más”, relató, sin el mínimo atisbo de vanidad.

Una carrera que miró siempre el más allá de la frontera planetaria, aunque sus primeros pasos fueron bien firmes en la Tierra.

– ¿Usted empezó siendo agrimensor?

– Mi idea era estudiar matemática cuando estaba en Córdoba. Pero en esa época sólo se podía estudiar ingeniería y agrimensura. Mi madre quería que fuera médico. Como ella era árabe, pensaba que ser médico era una gran cosa. Si yo iba a un hospital y me sentía mal por los olores de los remedios. ¿Me iba a dedicar a la medicina? El ser médico en Arabia debe ser una gran cosa.

– ¿De dónde era su familia?

– Yo pude ir a Siria pero no fui al lugar de donde eran mis padres. Mi madre vivía en la capital de Siria, en Damasco. Mi padre vivía en Yatrud. Tengo un hermano que falleció hace relativamente poco y una hermana que se instaló en un convento de clausura.

– ¿Sus padres vinieron como parte de las corrientes inmigratorias?

– Ellos fueron a Génova a tomar un barco…

– ¿Ellos eligieron la Argentina o fue porque el barco que había en el puerto venía para aquí?

– Supongo que habían elegido la Argentina porque en ese entonces era un país importante.

– ¿Su padre a qué se dedicaba en la Argentina?

– Tenía un negocio de telas, que naturalmente se llamaba “La Favorita”.

– ¿Cómo pasó usted de la agrimensura a la astronomía?

– Decidí terminar agrimensura en Córdoba y venir a Buenos Aires. Un amigo que era militar me consiguió un puesto en el Instituto Geográfico Militar. Con eso vine y después traje a mis padres. Luego fui a La Plata, y me enteré de la carrera de astronomía, que recién se creaba. Me pareció una cosa linda, y fui.

– ¿Alguna vez le había gustado ver las estrellas?

– No como algo particular.

– ¡Qué curioso! ¡Y luego fue un gran astrónomo!

– Fui el tercer graduado de la carrera de Astronomía en La Plata, que era la única en el país porque en Córdoba comenzó mucho después y en Buenos Aires nunca se creó.

– Mientras estudiaba astronomía, ¿le gustaba la carrera?

– Sí, sí, sí. Cuando terminamos la carrera, a Carlos Ulrico Cesco, que fue el primer graduado, y a mí, que fui el tercero, nos mandaron becados a Estados Unidos por dos años. Félix Aguilar era nuestro director.
A bordo del barco “Río Atuel” partieron los flamantes graduados desde Buenos Aires con destino a Nueva Orleans. “A una semana de iniciada nuestra travesía, nos llegó la extremadamente triste e inesperada noticia del fallecimiento del ingeniero Aguilar, pérdida sumamente lamentable, que cerraba otra etapa importante en el desarrollo de la astronomía argentina”, comentó en 2006 en su discurso durante la 49a. Reunión de la Asociación Argentina de Astronomía. Ya en Estados Unidos, el objetivo de Sahade era formarse en astrofísica al lado del profesor Otto Struve, “el más importante espectroscopista estelar del siglo XX, director entonces del Observatorio Yerkes, perteneciente a la Universidad de Chicago”, según precisó, al tiempo que completó: “el elenco de científicos estaba integrado, en ese entonces, por figuras de gran jerarquía como Subrahmanyan Chandrasekhar, Premio Nobel de Física 1983, y William W. Morgan, célebre por su sistema de clasificación espectral, denominado MKK, por ser sus proponentes, Morgan, Keenan (Philip C.) y Kellman (Edith), esta última, la asistente de Morgan”.

El Leoncito

– Usted fue director de numerosas entidades, ¿qué es lo más difícil a la hora de conducir instituciones?

– No recuerdo momentos muy difíciles. Aun en momentos de la dictadura, cuando yo estaba en La Plata, yo hacía lo que me parecía. Yo fui el primer decano de la Facultad de Ciencias Exactas de La Plata, y aun en esa época yo no admitía nada de cuestiones políticas, ni custodias, ni cosas por el estilo.

Entre sus logros figura haber sido un impulsor del Complejo Astronómico El Leoncito (CASLEO) en San Juan. En el sitio oficial de esta entidad (http://www.casleo.gov.ar/visita.php) puede leerse que el “instrumento base es un telescopio reflector de 215 cm de diámetro aportado por la Universidad Nacional de La Plata y bautizado con el nombre de “Jorge Sahade” en honor del precursor de la idea inicial que dio origen al CASLEO. Este instrumento fue adquirido en los años 60…”.

¿Cómo fue la gestión de El Leoncito?

Rolando García, que era decano de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Buenos Aires, consiguió un préstamo internacional para el equipamiento.

Entre los recuerdos de ese entonces, Sahade rememoró: “Hicieron correr la voz de que era más importante tener varios telescopios chiquitos que uno grande. Al final se hizo una reunión de astrónomos, y tuvimos una conversación entre (Carlos) Varsasky y yo y llegamos a la conclusión de seguir adelante con este telescopio que se instaló en El Leoncito (en la precordillera sanjuanina)”.

¿En esa época usted mandó construir ese telescopio a Estados Unidos?

Habíamos hecho un concurso de precios pero como nos regalaron los planos del telescopio…

– ¿Quién se los regaló?

– El observatorio que había construido un telescopio igual. De manera que ahorramos 100 mil dólares. Y lo mandamos a hacer a Estados Unidos.

La concreción de este telescopio mereció un párrafo especial en el discurso brindado por Sahade en ocasión de 49a.Reunión de la Asociación Argentina de Astronomía realizada en septiembre de 2006 en Córdoba. “Los costos nos hicieron decidir por un instrumento del orden de los 2 metros de diámetro que, un concurso de precios entre varias empresas constructoras de telescopios, determinó que nos inclináramos por un instrumento gemelo del que, poco antes, el Observatorio Nacional de Kitt Peak había erigido en Arizona y cuyos planos nos habían sido obsequiados por el director de la institución, Nicholas (Nick) Mayall, con quien habíamos llegado a establecer una cordial amistad”.

– ¿Ha visitado El Leoncito muchas veces?

– No muchas. Pero yo no he observado nunca con el telescopio (ríe).

– ¿Nunca usó el telescopio que lleva su nombre?

– No. Yo no hacía tantas observaciones, las hacían otras personas.

– ¿Le gusta hacer observaciones?

– Sí, me gustaba mucho. Yo veía las estrellas y tomaba espectros, exponiendo placa tras placa durante toda la noche y, por cierto, las revelaba mientras la placa siguiente era expuesta a la luz del objeto.

– ¿En esa época cómo se hacía una observación?

– Debía subir una escalera grandota, hacía frío, tenía que pasar a revelar las placas. Hoy nadie toma frío, y está todo con aire acondicionado. Es muy distinto.

– ¿Cuántas horas observaba?

– Toda la noche. No me llevaba café ni nada. Por ahí, el ayudante se iba a ver un partido de futbol y me dejaba solo. Observábamos 4 ó 5 noches al mes.

– ¿Qué sentía?

– Frío.

– ¿No sentía vacío existencial cuando observaba?

– No.

– ¿Maravilla?

– Uno observa. Tiene que mirar y prestar atención de que la estrella no se saliera del campo. Luego había que revelar, guardar las placas. Observaba de sol a sol.

– ¿No vincula usted el cosmos con lo filosófico?

– No, para nada.

Local y mundial

Sahade ha sido director de entidades científicas nacionales como el Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE), y también fue elegido para presidir la Unión Astronómica Internacional.

– ¿Cómo surgió la propuesta de ser presidente de la Unión Astronómica internacional?

– Les gustó algo que había hecho o dicho. ¡Ah! Habíamos realizado una reunión de la Unión Astronómica para América Latina en Buenos Aires y parece que les gustó la forma en que organicé la discusión. Lo hice de manera tal que todo anduvo rápido. Es mi impresión personal, pero no sé.

– Cuando le ofrecieron ser presidente la Unión Astronómica Internacional, ¿lo esperaba?

– No.

– ¿Dijo que sí enseguida o dudó en aceptar el cargo?

– Pensé si no sería muy grande (el cargo) para mí. No sé si todos están conformes con lo que hice. Vinieron a verme (de la Unión Astronómica Internacional) a la Argentina y acepté. La sede es en París, pero yo tenía sede en La Plata. Yo iba a sesiones o cosas así. El mandato era por tres años.

– Con respecto al IAFE, ¿cuáles eran los objetivos del instituto que usted proponía crear?

– Un instituto moderno que tuviera en cuenta la situación actual de la ciencia. No una cosa cerrada, sino que tuviera en cuenta la física y la astronomía porque no se pueden desvincular.

– ¿Eso era novedoso para el país?

– Sí.

– ¿Por qué creyó que había que vincularlo?

– Porque me pareció que estábamos muy atrasados en relación a la situación actual. Porque ya era una época de actividades espaciales de otro tipo que requería de una combinación de ciencias.

– ¿Usted lo pensó con el nombre de Instituto de Astronomía y Física del Espacio?

-Sí.

– ¿Funcionó desde sus comienzos en la Ciudad Universitaria?

– Sí. Había unas oficinas que nos dieron en el Pabellón I. Había un edificio chico que también ocupábamos. El edificio actual del IAFE lo hizo Horacio Ghielmetti.

– El IAFE, además de la investigación teórica, ¿tenía una parte experimental?

– La parte experimental la hacía Ghielmetti, creo. Yo hacía astronomía observacional. En especial, de las estrellas binarias cerradas.

– Gran parte de su vida la dedicó a este tema…

– Yo propuse soluciones a cuestiones que aparentemente hacía décadas que no le encontraban solución. Cuando fue la publicación, el árbitro dijo: “Déjense de macanas porque eso no tiene sentido. Vuelvan a las ideas antiguas”. Pero las ideas antiguas no resolvían el problema. Nosotros dejamos todo como estaba (en el paper a corregir), agregamos algunas cosas que queríamos poner o cambiar. Y lo mandamos de vuelta a la revista, diciéndole que habíamos seguido las indicaciones de los referís. Ellos nos creyeron, (se ríe) no lo volvieron a mandar al referí, y lo publicaron tal como lo queríamos nosotros.

– ¿Qué revista era?

– Es una publicación de la American Phylosophical Society. Esa investigación la hice en Estados Unidos sobre un sistema de una estrella binaria Beta Lyrae. Luego otro astrónomo, Helmut Abt, en los Estados Unidos, confirmó lo correcto de nuestra propuesta de solución del problema.

Apasionado desde siempre en su quehacer, observaba que últimamente la astronomía estaba casi encandilada por sus posibilidades. “Actualmente se le da demasiado énfasis al uso del telescopio, más grande, más grande y más grande. Se descubren cosas, se descubren cosas y no hay tiempo para elaborar sobre todos los datos obtenidos”, reflexiona.

– Cuando usted se graduó fue uno de los pioneros en la Argentina. ¿Cómo ve el desarrollo de la astronomía en el país?

– Bien. En Córdoba y en La Plata hay un montón de gente. En la Argentina, en astronomía hay muchísimas mujeres. Es curioso, nuestro país en ese sentido tiene un liderazgo.

– ¿Por qué será?

– Es muy atractiva la astronomía.

Casi al finalizar el encuentro en La Plata, ciudad que lo nombró ciudadano ilustre a fines de 2011, surge una pregunta inevitable a quien pasó gran parte de su existencia apuntando al universo.

– ¿Cree que hay vida en otros lugares del cosmos?

– En algún momento se sabrá. Puede ser que en algún momento se detecte vida. Uno no sabe cuál ha sido el designio del que creó el mundo.

-¿Cree en Dios?

– Sí, sin duda alguna.

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