
Jugar en equipo rinde: permite aprender más rápido y alcanzar una destreza individual que difícilmente se lograría jugando solo. Además, elegir repetidas veces a un mismo compañero, aunque sea “malo” para el juego, beneficia a todos los integrantes del grupo. Son resultados de un trabajo científico que abre la posibilidad de pensar nuevas estrategias de enseñanza-aprendizaje.