Rebelión en la granja
Con la ayuda de perros, gatos y gallinas y la colaboración de los pobladores, un equipo argentino de investigación trabaja en el Chaco para eliminar a las vinchucas resistentes a los insecticidas.
Las vinchucas son bichos malos para el ser humano. Porque le chupan la sangre y, encima, con la picadura le transmiten el parásito que causa la enfermedad de Chagas. Se las combate con piretroides, los únicos insecticidas que pueden usarse desde que –por su toxicidad- se prohibieron los carbamatos y los organofosforados. Pero, con el tiempo, el rociado repetido con piretroides empezó a generar vinchucas resistentes al insecticida. Hoy, uno de los mayores problemas para controlar la transmisión del Chagas en la región del Gran Chaco son esos focos de resistencia.
Actualmente, el municipio de Castelli, ubicado en las puertas de El Impenetrable chaqueño, es el área donde la resistencia es más alta. De hecho, allí dejaron de fumigar en 2014, al confirmarse que los insecticidas piretroides ya no mataban a las vinchucas.
En aquellos parajes trabajan desde hace casi veinte años científicas y científicos del Laboratorio de Eco-epidemiología (LE) de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Van y vienen regularmente llevando a cabo un programa de investigación y control que tiene por objetivo eliminar a las vinchucas de los hogares para, de esta manera, interrumpir la transmisión doméstica del Chagas. En ese largo camino, se tropezaron con la muy alta resistencia a los insecticidas de las vinchucas de Castelli que, en tanto subsistan, amenazan los logros obtenidos en un municipio vecino.
Actualmente, el municipio de Castelli, ubicado en las puertas de El Impenetrable chaqueño, es el área donde la resistencia de las vinchucas es más alta.
Por eso, en 2018, decidieron probar una estrategia alternativa a la fumigación con insecticidas, aprovechando el hecho de que las vinchucas no solo se alimentan de la sangre humana, sino que también la chupan de los animales domésticos. Fue así que eligieron 16 viviendas de Castelli infestadas con vinchucas resistentes para un estudio piloto y, en acuerdo con sus dueños, emplearon a los perros como cebo.
La experiencia, contada oportunamente por NEXCiencia, consistió en administrarle a los pichichos un medicamento que se usa habitualmente para proteger a los animales domésticos de otros bichos “chupasangre”, como las pulgas y las garrapatas. Es una tableta masticable que se les da con la comida y cuyo principio activo es una droga llamada fluralaner.
Los resultados de aquel estudio piloto mostraron que los perros tratados con fluralaner son una herramienta eficaz para luchar contra estos insectos resistentes: “Una de las originalidades de nuestro trabajo es que comprobamos que el fluralaner administrado a los perros mata a las vinchucas resistentes a los piretroides”, contaba en aquel momento Victoria Cardinal, investigadora del CONICET en el LE.
Pero, aquella experiencia también evidenció que era necesario extender el tratamiento hacia otros animales domésticos: “Vimos que, a lo largo del estudio, va creciendo el porcentaje de vinchucas que se alimentan de gatos y de gallinas”, decía entonces la investigadora.
Esa observación revelaba que las vinchucas resistentes podrían sobrevivir alimentándose de otros animales domésticos y, así, seguir amenazando a las poblaciones humanas. En ese contexto, el equipo de trabajo consideró necesario probar el fluralaner en las gallinas y en los gatos. Entonces, lo hicieron. Y ahora están los resultados.
Quebrando la resistencia
Con las gallinas, ya había estudios previos que mostraban que el fluralaner administrado a esas aves domésticas provocaba en las vinchucas que las picaban una mortalidad cercana al 100%. “Se había probado con un montón de especies de vinchucas, pero no con Triatoma infestans, que es la que infesta en Castelli, y tampoco se había probado en vinchucas resistentes”, acota Cardinal.
Entonces, en el laboratorio, le dieron fluralaner mezclado con el alimento a un grupo de gallinas y, a otro grupo no le dieron la droga. Después, a diferentes tiempos de la ingesta del fluralaner, a las gallinas les colocaron vinchucas resistentes y sensibles a los piretroides: “Comprobamos que las gallinas mantuvieron bien su condición corporal y no tuvieron ningún efecto adverso, que eso es clave”, señala la investigadora. “Por su parte, las vinchucas comieron bien, no afectamos su capacidad de ingesta de sangre y, al alimentarse de las gallinas tratadas con fluralaner, tuvieron una mortalidad muy significativa hasta 14 días después del tratamiento de las gallinas con fluralaner, sin diferencias entre las vinchucas sensibles y las resistentes”, agrega, y finaliza: “Idealmente, hubiéramos querido que la alta letalidad durara más tiempo, pero la dosis que se le puede dar a una gallina es mucho menor comparada con la del perro”. Los resultados del estudio con las gallinas fueron publicados en la revista científica Parasites & Vectors.
Con los gatos, entretanto, no había antecedentes de este tipo de ensayos: “Decidimos probar tres productos que están en el mercado, aprobados para gatos: fluralaner, imidacloprid y espinosad, que los tres son para pulgas; y el fluralaner en la formulación que está en nuestro país también es para garrapatas”.
Al alimentarse de las gallinas tratadas con fluralaner, las vinchucas tuvieron una mortalidad muy significativa hasta 14 días después del tratamiento.
Esta vez, hicieron un estudio de campo, en el Chaco: “Fuimos a 25 casas, le pedimos permiso a sus dueños y, al azar, a un gato le tocaba un producto y a otro gato le tocaba otro producto”, relata la investigadora. Después, a los gatos les ponían vinchucas susceptibles y resistentes que habían llevado del laboratorio.
“A los cuatro días post tratamiento es el efecto mayor, pero no fue igual para todos los productos. Por la letalidad y por el tiempo que duró su efecto, el mejor producto fue el fluralaner”, consigna Cardinal.
El estudio efectuado con los gatos fue publicado en la revista científica Veterinary Parasitology.
Paquete de soluciones
Con los resultados obtenidos hasta el momento con los perros, las gallinas y los gatos, la investigadora plantea el objetivo próximo: “Estamos pensando en poder ofrecer un paquete de soluciones para estas casas que tienen las vinchucas resistentes”.
Cardinal explica que ese paquete de soluciones consistiría en entregar en cada domicilio el preparado de fluralaner en la dosis y formulación adecuada para la cantidad y tipo de animales que haya en la vivienda.
No obstante, la científica advierte que, todavía, hay una dificultad que están tratando de resolver: “Los gatos y los perros no se comen, pero las gallinas sí. Y ahí hay un problema, porque el fluralaner tiene un tiempo de alrededor de quince días después de la administración en los que la carne no se puede comer, porque puede provocar una intoxicación. Los huevos se pueden comer, no tienen período de carencia, pero para la carne hay que esperar unos quince días”.
El grupo está pensando ofrecer en cada domicilio el preparado de fluralaner en la dosis y formulación adecuada para la cantidad y tipo de animales que haya en la vivienda.
Para evitar este problema se han considerado distintas posibilidades. Entre ellas, llevar a los domicilios gallinas tratadas con fluralaner marcadas de alguna forma –con una pintura, por ejemplo- que indica que ese animal no puede comerse sino que solo puede utilizarse como cebo para las vinchucas.
Otra posible solución, alternativa, apunta a evitar el uso de fluralaner en las aves y, en su lugar, modificar el ambiente. Porque las vinchucas se esconden frecuentemente en los nidos de las gallinas: “Estamos ensayando otra cosa, que es cambiar la estructura donde están las gallinas para que las vinchucas no tengan refugio y entonces no se puedan criar ahí”, cuenta la investigadora, y especifica: “Es un proyecto que llevamos a cabo con la comunidad en el que reemplazamos los nideros por dispositivos hechos con los baldes de plástico que quedan de las obras. Hace más de un año que lo implementamos y la mayoría de los nidos que eran positivos para vinchucas se negativizaron. Es decir, el resultado es muy alentador”.
El proyecto, que obtuvo una subvención del Centro Internacional de Entrenamiento e Investigaciones Médicas, forma parte de la tesis doctoral de Julián Alvarado-Otegui.
Por las dudas
El estudio piloto llevado a cabo en 2018 con el fluralaner en los perros disparó una pregunta en la comunidad científica: ¿No hay riesgo de que esa intervención en los perros “desvíé” el perfil de alimentación de las vinchucas y que, entonces, las vinchucas vayan a comer del humano?
La respuesta a esa pregunta llegó hace algunas semanas con la publicación de un paper en la revista científica Parasites & Vectors. Allí, el equipo de investigación del LE analiza los datos obtenidos a partir de una investigación que continuó a aquel estudio piloto, que tuvo un diseño más sofisticado y que abarcó muchas más casas.
“El trabajo que acabamos de publicar evaluó el perfil alimentario de las vinchucas en esas viviendas de este ensayo grande que hicimos. Y pudimos ver que no hay un cambio significativo en ese perfil alimenticio. Es decir, que este temor que algunos investigadores nos habían compartido,
no estaría ocurriendo de acuerdo con nuestros datos. No hay un cambio en el perfil, con lo cual, no parecería que uno aumenta el riesgo de transmisión hacia los humanos”, concluye Cardinal.

