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Se presume culpable

Posted By Gabriel Stekolschik On 14/09/2008 @ 19:32 In informes | Comments Disabled

Así como las plagas y las enfermedades de las plantas pueden arruinar los cultivos, las malas hierbas que crecen a su alrededor también son perjudiciales, pues compiten por los nutrientes, el agua y la luz del sol reduciendo la producción agrícola de manera significativa. Para combatir esas malezas, los agricultores suelen fumigar los campos con varios tipos de herbicidas, cada uno de ellos destinado a un tipo de hierba determinado. También, pueden arar los terrenos de siembra para eliminar las malas hierbas antes de plantar. Pero muchos herbicidas pueden dañar los cultivos y las semillas, y pueden contaminar el aire y el agua. Además, la práctica del arado puede conducir a que el agua y el viento erosionen los campos.

A principios de los años ’70 comenzó a gestarse una alternativa a las formas clásicas de combatir las malezas. Una nueva clase de herbicida, el glifosato, se presentaba en sociedad. Nadie imaginaba entonces que iba a revolucionar a la agricultura.

Mata todo

El glifosato es un herbicida no selectivo, de amplio espectro, que impide la síntesis de proteínas esenciales para el crecimiento y la supervivencia de la mayoría de las plantas. Para lograr su cometido, este compuesto reprime la actividad de una enzima, denominada EPSP, que está presente en las plantas superiores y en algunos microorganismos, pero no en el reino animal. De esta manera, podría decirse que “todo bicho que camina”, entre ellos el hombre, sería “inmune” al mecanismo de acción del glifosato.

Pero a esta ventaja aparente para la salud de las personas y el equilibrio del medio ambiente se contrapone una desventaja evidente: si el glifosato mata a gran parte de las especies vegetales, entonces la mayoría de los cultivos serán también vulnerables. Sin embargo, la biotecnología ha sorteado en buena medida este inconveniente. Mediante la ingeniería genética se han desarrollado variedades de muchas especies de importancia económica que son resistentes a ese herbicida. Se trata de los ya popularmente conocidos cultivos transgénicos, cuyas semillas llevan en su ADN un gen modificado que les otorga resistencia al glifosato.

Esta tecnología ha fomentado la emergencia de una nueva práctica agrícola que protege la calidad del suelo, denominada “siembra directa”, que consiste en sembrar sin arar la tierra y, por lo tanto, sin exponerla a la erosión. Esto es posible porque ahora los agricultores pueden aplicar el herbicida una vez que los cultivos resistentes al glifosato ya han brotado y echado raíces.

El producto comercial más utilizado en todo el mundo –la Argentinano es la excepción- es el Roundup, de la firma estadounidense Monsanto. De allí surge que a las semillas transgénicas se las llame RR como, por ejemplo, soja RR o maíz RR (por “Roundup Ready” o “preparadas para el Roundup”). Además de glifosato, dicha preparación posee en su composición una sustancia surfactante que permite aumentar la superficie de contacto del herbicida con la planta y, por lo tanto, mejorar su penetración en el vegetal.

Toxicidad informativa

El glifosato ha probado su efectividad como herbicida en más de 125 clases de malezas y, según Monsanto, es utilizado en 130 países para más de 100 tipos de cultivos. En su página Web, la multinacional informa que el Roundup fue usado por organizaciones protectoras de la vida silvestre para salvaguardar hábitats amenazados por vegetación invasiva no nativa, y cita como ejemplo de ello a las Islas Galápagos.

Parala FAO,la Organizaciónde las Naciones Unidas parala Agriculturayla Alimentación, la toxicidad del glifosato es menor que la de la cafeína, la aspirina y la de la sal. Parala Organización Mundialdela Salud, el glifosato no tiene efectos graves para la salud humana, no es cancerígeno y sólo es levemente irritante. Entretanto, parala EPA,la Agenciade Protección Ambiental norteamericana, el glifosato tiene una toxicidad oral y dérmica relativamente baja, por lo cual ha sido colocado en la categoría III (la máxima toxicidad corresponde a la categoría I y la mínima ala IV). Tampocola Comisión Europeaha señalado al glifosato como peligroso para la salud humana.

Sin embargo, últimamente, se multiplican las noticias sobre los efectos tóxicos del Roundup. La fumigación aérea con ese producto en Colombia, efectuada para eliminar los cultivos ilícitos de coca, ha disparado ríos de tinta que denuncian diversos daños en la salud de los pobladores de esas zonas y distintas consecuencias para los ecosistemas fumigados. También enla Argentinacomienzan a aparecer este tipo de noticias.

Pruebas científicas

Hasta el año 1997, Monsanto comercializaba el Roundup publicitándolo como un producto seguro y sin riesgos para la salud y el ambiente. Pero ese año, una demanda judicial que aducía publicidad engañosa obligó a la empresa a pagar una multa y a eliminar de las etiquetas de ese producto términos como “biodegradable” y “amigable con el medio ambiente”. Es que el Roundup se propagandeaba como si el glifosato fuera su único ingrediente activo, sin tener en cuenta al surfactante. En este sentido, todavía se sabe muy poco sobre los efectos en la salud y el ambiente de los diferentes surfactantes utilizados en las formulaciones del herbicida.

Un número creciente de estudios científicos adjudican al POEA (polioxietileno amina), el surfactante presente en el Roundup, la responsabilidad de los efectos tóxicos del herbicida en ambientes acuáticos. De hecho, un trabajo reciente efectuado por investigadores de la Facultadde Ciencias Exactas y Naturales de la Universidadde Buenos Aires, del Instituto Tecnológico de Chascomús y del Instituto de Limnología de la Universidadde La Plata, publicado en la revista Ecological Applications, demostró que el Roundup modifica la flora de lagos y lagunas.

Lo cierto es que las investigaciones científicas dirigidas a determinar la toxicidad de los herbicidas basados en glifosato todavía son insuficientes o incompletas. La gran mayoría de los estudios fueron realizados utilizando células o animales alejados del hombre en la escala zoológica (ratas, ratones, conejos, cobayos). Asimismo, los estudios en seres humanos refieren a casos individuales, y se centran en los efectos agudos de la intoxicación con el herbicida, sea por ingestión, por inhalación o por contacto con el producto.

Por otro lado, una extensa revisión de la literatura científica en busca de trabajos que establezcan una relación causal directa entre el glifosato y algún efecto cancerígeno, reproductivo o citotóxico en seres humanos resultó en un único estudio, efectuado por investigadores de la Pontificia UniversidadCatólica del Ecuador, y publicado en la revista brasileña Genetics and Molecular Biology. Se trata de una investigación realizada en 24 ecuatorianos expuestos a sucesivas fumigaciones aéreas efectuadas por aviones colombianos en la frontera con Ecuador, que fueron comparados con 21 personas que no habían sido rociadas. El estudio mostró que el grupo expuesto al agroquímico descargado del vientre de los aviones colombianos tenía “un alto grado de daño en el ADN”.

Palabra oficial

Un documento dela Secretaríade Ambiente y Desarrollo Sustentable dela Nación, fechado en marzo de 2008 y titulado “El avance de la frontera agropecuaria y sus consecuencias”, señala que la aplicación de glifosato en la campaña 2004/2005 fue de más de 160 millones de litros, y que se espera un gran incremento en tanto las malezas empiecen a tornarse tolerantes al herbicida (algunas estimaciones indican que, actualmente, se rocían 170 millones de litros sobre los campos argentinos).

El escrito también consigna que el glifosato es un herbicida sistémico, por lo cual es conducido a todas las partes de la planta, incluidas aquellas que son cosechables: “Esto es preocupante ya que se desconoce exactamente cuánto glifosato se presenta en los granos de maíz o soja transgénicos, ya que las pruebas convencionales no lo incluyen en sus análisis de residuos de agroquímicos. El hecho es, que es sabido que éste y otros herbicidas se acumulan en frutos y otros órganos dado que sufren escasa metabolización en la planta, lo que genera la pertinente pregunta acerca de la inocuidad de alimentos tratados”, se afirma en el documento.

Finalmente, el artículo oficial advierte: “Aún en el caso de ausencia de efectos inmediatos, puede tomar hasta cuarenta años a un carcinógeno potencial actuar en una suficiente cantidad de personas para ser detectado como un causal”.


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