Un cactus para vivir
Un grupo de investigación comprobó que una mosca de origen asiático, que infecta a diversos cultivos de frutas finas en el país y es considerada una plaga, puede utilizar cactus como hospedadores para poner sus huevos y crecer. El hallazgo podría resolver la duda sobre la supervivencia de este insecto en los períodos sin fruta y permitir estrategias ecológicas y sustentables de mitigación de la plaga.
Se la conoce como la mosca de las alas manchadas, pero su nombre científico es Drosophila suzukii. Llegó hace casi quince años desde Japón. No es radicalmente distinta a otras moscas pero tiene la particularidad de que su ovipositor, el órgano con el que pone sus huevos, presenta unos dientes, como si fuese un pequeño serrucho, que le permite rasgar el tejido de la fruta fina en el momento previo a su cosecha, a diferencia de otras moscas que infectan cuando el fruto ya está maduro en el suelo.
Por ese motivo es una plaga que preocupa a muchos productores de distintas regiones del país. “Es un insecto descrito hace más de noventa años que se expandió súbitamente fuera de su área de distribución nativa, aproximadamente, desde 2008. Se la empezó a registrar en California, después en Europa, luego en Sudamérica y ahora está en todos los continentes, a excepción de Oceanía, porque tomaron recaudos, y de la Antártida, donde no hay frutos”, comparte Lucas Kreiman, primer autor del trabajo e investigador en el Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA, UBA-CONICET), en Exactas UBA.
“Es un lindo trabajo, en el sentido de que venimos estudiando especies de Drosophila cactofílicas, es decir, que se alimentan de cactus, desde hace treinta años. Ante la invasión de esta especie de Asia, la pregunta apuntó a entender su ecología en Sudamérica”, aporta Julián Mensch, también investigador del IEGEBA y director de Kreiman junto a Pablo Schilman, investigador del Instituto de Biodiversidad y Biología Experimental y Aplicada (IBBEA, UBA-CONICET).
Es un insecto descrito hace más de noventa años que se expandió súbitamente fuera de su área de distribución nativa en Asia, aproximadamente desde 2008.
Ambos explican que se buscó entender si estas moscas invasoras pueden explotar los cactus al igual que las especies nativas. “Trabajamos en ciencia bien básica, estudiamos los aspectos ecológicos, fisiológicos y evolutivos de la mosca de la fruta nativa”, aclara Kreiman. Y continúa: “Especialmente, su asociación con el cactus y sus adaptaciones a la temperatura, en particular, al frío. Ese marco nos preparó para echar más luz sobre un hecho de mucha cabida económica, como es una plaga nueva que causa pérdidas de cientos de millones de dólares a nivel mundial”.
El científico rescata de esa manera la importancia –muchas veces invisible a primera vista– de la ciencia básica, que suele asociarse equivocadamente a las puras inquietudes de la curiosidad y del conocimiento. Si bien, tales motivaciones son lo suficientemente legítimas en sí mismas, las relaciones con aplicaciones y soluciones a diferentes problemáticas pueden llegar a ser insospechadas. “¿Para qué estudiar moscas? –se pregunta retóricamente Kreiman– Acá son dos: la mosca invasora que no sabías que podía ser un problema y la mosca nativa que no sabías que podía traer la solución”.
¿Mosca está?
Frambuesas, frutillas, cerezas o arándanos. El menú de opciones de esta mosca para colonizar y depositar huevos parece inclinarse por los frutos del bosque. “En general, explota muchísimas frutas distintas, pero su mejor desempeño lo tiene en las frutas rojas, chiquitas, turgentes, que, además, tienen una temporada más temprana y son muchísimo más caras”, detalla Kreiman.
“Poner el huevo cuando la fruta todavía está en el árbol es un desafío morfológico, pero también fisiológico, porque tiene que soportar temperaturas más bajas o condiciones distintas, en términos de estacionalidad, que los otros insectos”, agrega.
El científico asegura que eso les resulta especialmente interesante porque, dentro del grupo de las moscas cactofílicas, estudian aspectos de la tolerancia térmica. Al mismo tiempo, señala que una de las ventajas que tiene esta especie para su expansión es su amplia diversidad de hospedadores. “Lo que estudiamos es una pregunta abierta en la biología: ¿dónde están los insectos en las estaciones del año en las que sus hospedadores principales no están presentes?”, plantea.
Ocurre que hay un momento en el que estas frutas no están. En esos períodos, las moscas parecen desaparecer. Kreiman explica: “Una idea muy presente, que ayuda a las políticas de manejo, es el estudio de hospedadores nativos alternativos. Especies que no son necesariamente de explotación comercial pero que se encuentran en los ecosistemas y que pueden servir de reservorio a la mosca. En ese sentido es donde entra el cactus”.
Frambuesas, frutillas, cerezas o arándanos. El menú de opciones de esta mosca para colonizar y depositar huevos parece inclinarse por los frutos del bosque.
Según Julián Mensch, depende de la región. Afirma que en la Patagonia hay equipos de trabajo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) con potenciales hospedadores identificados. Sin embargo, no es una zona con presencia de cactus. “La pregunta se dirige más hacia la región del NOA, donde también está presente Drosophila suzukii. Los experimentos que hizo Lucas son de laboratorio y buscaron ver si las hembras tienen la capacidad de poner huevos en el cactus y si, después, pueden desarrollarse hasta ser adultos”, explica.
El trabajo demuestra que ambas cosas suceden con éxito. “Juntamos cepas del cactus y de la mosca recolectadas de la naturaleza y demostramos que no sólo pueden elegir el cactus y desarrollarse en él, sino que cuando lo hacen, los parámetros biológicos de los individuos emergentes son perfectamente comparables a los que emergen de las frutas promedio que son sus hospedadores naturales”, especifica Kreiman. Y suma: “No presentan déficit ni en el número de individuos que llegan a término, ni en el tiempo que tardan, ni en el tamaño de sus alas, ni en la composición química de sus ácidos grasos. Son esencialmente iguales”.
A su vez, el investigador plantea una posibilidad para otras zonas del mundo que también sufren esta plaga: “Así como la mosca es invasora acá y el cactus es nativo, hay especies de cactus que son introducidas e invasoras en otras partes del mundo, donde también está presente D. suzukii. Entonces, abrimos la puerta a la potencial explotación de un hospedador alternativo, no solamente en el noroeste argentino, donde también se produce mucha fruta fina, sino a otros lugares del mundo”.
Moscas de laboratorio
En el laboratorio llevaron a cabo dos ensayos diferentes: uno que buscaba ver si la mosca invasora ponía sus huevos en el cactus y otro para estudiar si la cría en el cactus era posible. “Los ensayos de oviposición implican encerrar a un montón de moscas en una caja con un fragmento del cactus y ver si lo aceptan, si ponen huevos y cuántos ponen. Eso no estaba estudiado para nada”, comparte Kreiman.
En el laboratorio llevaron a cabo dos ensayos diferentes: uno que buscaba ver si la mosca invasora ponía sus huevos en el cactus y otro para estudiar si la cría en el cactus era posible.
Para eso, cortaron el cactus de diferentes maneras. “En general, los insectos no ponen los huevos directamente encima del cactus, nuestras moscas cactofílicas tampoco lo hacen, entran por alguna abertura. Entonces, reprodujimos esa condición con un lacerado manual”, detalla. En cuanto al otro ensayo, agrega: “Para los experimentos de cría, tomamos larvas de primer estadio, ni bien salen del huevo, y las forzamos dentro de un vial con un medio seminatural a base de cactus que simula el interior del cactus en cuestión. Así vemos cuánto tiempo tardan en desarrollarse ahí adentro y cuántos llegan al final”.
El científico también relata un tercer momento: “Al adulto emergido le medimos características morfológicas: el tamaño de sus alas, el número de sus ovariolas, que son las unidades de los ovarios, es decir, su capacidad reproductiva, y también, en colaboración con el Departamento de Química Orgánica (Exactas UBA), analizamos los perfiles de sus ácidos grasos para compararlos con los de moscas criadas en frutas y otros medios y ver si la asimilación de nutrientes desde el cactus era distinta. El resultado es que son perfectamente comparables”.
Valeria Careaga, segunda autora del trabajo e investigadora de la Unidad de Microanálisis y Métodos Físicos en Química Orgánica (UBA-CONICET) fue quien estuvo a cargo del perfil de ácidos grasos. Mensch también comenta que colaboraron con un equipo de Francia con el que están planificando ensayos a futuro. “De alguna manera, demostramos la capacidad de estos insectos para explotar un recurso nuevo para ellos, pero falta un enfoque más ecológico para estudiar si esto realmente está pasando en la naturaleza”, expresa el investigador.
Sin embargo, ambos comparten la emoción al comprobar el éxito del laboratorio: “El momento más fuerte fue cuando vimos que había huevos. Cuando Lucas hizo el ensayo, en distintas condiciones, con distintos cactus, y vimos la cantidad de huevos que habían puesto, fue impresionante. Creo que ahí nos dimos cuenta de que esto iba en serio”, expresa Mensch.
En el horizonte, se encuentra la idea de lograr una aplicación para un control de la plaga más sustentable y ecológico.
En nuestro país, la mosca de las alas manchadas es un problema para muchos productores. Además de la Patagonia y del Noroeste, las zonas de Mercedes y Luján, en el interior de Buenos Aires y del norte de Entre Ríos, donde se producen muchos arándanos, también se ven afectadas. En el horizonte, se encuentra la idea de lograr una aplicación para un control de la plaga más sustentable y ecológico.
“Es hacia donde queremos ir, aunque no sé cuánto nos falta”, reconoce Mensch. Y suma: “Hay estrategias más químicas, cuando ya está el cultivo y el insecto está en alta abundancia y se le aplica un insecticida. Esto busca adelantarse a esa situación y tratar de controlar, al menos, lo que rodea a los cultivos haciendo un manejo más ecológico de los sustratos que podrían estar manteniendo a la población cuando no hay frutas”.
Por lo pronto, buscan colaborar con el equipo de Francia para analizar si en ese país europeo, donde los cactus son exóticos, también son explotados por esta mosca, y en ese caso, si hay diferencias en su composición. A su vez, planean realizar trabajo de campo local: “Tucumán es una de las provincias que más arándanos exporta. Los investigadores de allá saben que esta mosca tiene persistencia invernal y que está en algún lugar, no saben dónde. Sería lindo llevar a cabo el ensayo de ir a buscarla allá en invierno. También en otros lugares donde haya cactus y frutas finas en solapamiento”, cierra Kleiman.

