Volar es humano, el Sol es divino
El 30 de octubre de 2025, un Airbus A320 sufrió una brusca caída en pleno vuelo y debió aterrizar de emergencia en Tampa, Florida. La empresa atribuyó la falla a una alteración en el sistema electrónico causada por intensa radiación solar. De acuerdo con los especialistas en meteorología del espacio, el incidente pudo haberse producido por una explosión solar más intensa de lo habitual.
Ningún pasajero ni tripulante del vuelo 1230 de la aerolínea JetBlue imaginó que, apenas ingresando al espacio aéreo estadounidense, el Airbus A320 en el que viajaban caería repentinamente unos treinta metros en apenas siete segundos. Con esfuerzo, los pilotos lograron recuperar el control y realizaron un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto internacional de Tampa, Florida. Unas quince personas fueron trasladadas a hospitales con lesiones leves. El incidente ocurrió el 30 de octubre de 2025, poco después de despegar de Cancún, México, rumbo a Newark, Estados Unidos.
Según Airbus, la falla fue generada por una inusual e intensa radiación solar que afectó el Elevator Aileron Computer (ELAC), uno de los ordenadores que procesan la información de control del avión. Este impacto alteró el software del sistema fly-by-wire, tecnología que reemplaza las conexiones mecánicas por una interfaz electrónica. La empresa no dio más detalles ni aclaró qué tipo de evento astronómico pudo haber provocado un incidente tan poco común.
Si bien los aviones están diseñados para soportar la radiación solar habitual, “este tipo de situaciones suele ser producto de algún evento astronómico extremo”, explica Sergio Dasso, director del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE, UBA-CONICET), profesor del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y uno de los principales referentes de Space Weather a nivel nacional.
Si bien los aviones están diseñados para soportar la radiación solar habitual, este tipo de situaciones suele ser producto de algún evento astronómico extremo.
“Las partículas energéticas del Sol pueden atravesar la atmósfera y afectar los sistemas electrónicos. Entre otros efectos, estas partículas pueden alterar el estado de un bit en la memoria: no rompe físicamente el componente, pero puede corromper un cálculo en curso y alterar una variable crítica del sistema. Este fenómeno se conoce como single event upset”, explica Dasso con claridad.
Más de seis mil aviones Airbus A320 -el modelo de pasillo único más vendido en el mundo- fueron identificados como potencialmente vulnerables, lo que obligó a revisar y actualizar el software como medida preventiva. A raíz de esta situación, varios vuelos en distintas partes del mundo tuvieron que ser cancelados.
La hipótesis
Los eventos solares ocurren con frecuencia y no siempre quedan registrados oficialmente porque “no es fácil observar al Sol”, explica Dasso. Según su hipótesis, entre 30 y 60 minutos antes del incidente pudo haber ocurrido una explosión solar más intensa de lo habitual: “Este tipo de eventos suele producir una aceleración de protones de alta energía que se propagan por el campo magnético interplanetario, cuya configuración en espiral -conocida como espiral de Parker- guía su transporte hasta la Tierra”, detalla el director del IAFE.
A velocidad de crucero, los aviones suelen volar a una altitud máxima de 10 mil metros para optimizar el consumo de combustible, logrando buena sustentación y baja fricción. Pero a esa altura también se enfrentan a un desafío invisible: allí es donde se registra el máximo número de partículas cósmicas secundarias.
Los aviones suelen volar a 10 mil metros para optimizar el consumo de combustible, pero a esa altura es donde se registra el máximo número de partículas cósmicas secundarias.
«A medida que los rayos cósmicos entran en contacto con la alta atmósfera, empiezan a chocar y producir reacciones nucleares con las partículas atmosféricas. Se dividen en una gran diversidad de partículas secundarias, generando una especie de lluvia de partículas. Esto se llama cascada atmosférica extensa y sucede todo el tiempo en la atmósfera”, explica Dasso.
La falla registrada en el módulo ELC del vuelo 1230 de JetBlue fue la única reportada a nivel mundial, lo que indica que no se trató de un evento de gran escala, sino de una situación puntual.
¿Es posible registrar estos eventos?
Una de las principales herramientas para observar los Ground Level Enhancements (GLEs), que son partículas solares tan energéticas que pueden detectarse en la superficie de la Tierra, son los monitores de neutrones. Estos instrumentos registran la cantidad de neutrones que llegan al suelo y, a partir de esos datos, permiten inferir el flujo de rayos cósmicos primarios.
En los últimos veinte años, los Water Cherenkov Detectors (WCD) empezaron a usarse como complemento de los monitores de neutrones. Estos detectores consisten en tanques cilíndricos cerrados de aproximadamente un metro de diámetro y un metro de alto, con fotomultiplicadores en la parte superior y plaquetas electrónicas que registran y transmiten datos sobre el flujo de partículas de la cascada atmosférica. A diferencia de los monitores de neutrones, que requieren trifluoruro de boro y helio 3, los WCD funcionan únicamente con agua.
Los eventos extremos en space weather y pueden alterar comunicaciones, satélites y sistemas de GPS. Sin embargo, no afectan a la salud de quienes vivimos en la superficie.
Originalmente, los WCD fueron diseñados para observar las partículas galácticas de mayor energía. Sin embargo, gracias a una adaptación de un diseño del Observatorio Pierre Auger, en Malargüe, Mendoza, también comenzaron a utilizarse para estudios de meteorología espacial.
Hay varios WCD distribuidos por el mundo. Desde hace siete años, dos de ellos funcionan en las bases antárticas Marambio y San Martín, porque “cuando las partículas ingresan a la magnetósfera, se desvían de tal forma que las de menor energía solo logran llegar a regiones cercanas a los polos magnéticos”, explica Dasso. Estos detectores son gestionados por el Laboratorio Argentino de Meteorología del Espacio (LAMP), también dirigido por él. LAMP forma parte de Latin American Giant Observatory (LAGO), una colaboración descentralizada que reúne a distintas organizaciones científicas de la región.
El 11 de noviembre de 2025 quedará marcado en la historia de LAMP y del IAFE: por primera vez, un WCD adaptado a space weather permitió captar un GLE de manera simultánea en las bases Marambio y San Martín. “Lo registramos con detectores de nuestro grupo, en bases nacionales, con un equipo construido íntegramente en Argentina”, destaca Dasso con orgullo.
Estos eventos solares extraordinarios muchas veces son indicadores de la ocurrencia de eventos extremos en meteorología del espacio y pueden alterar comunicaciones, satélites y sistemas de GPS. Sin embargo, no afectan a la salud de quienes vivimos en la superficie. Según el director del IAFE, esto se debe a la magnetósfera, una capa invisible que rodea la Tierra y se forma por la interacción entre el campo magnético y el viento solar.
Gracias a la correcta intervención de los pilotos, el vuelo 1230 de JetBlue pudo aterrizar sin mayores complicaciones. Sin embargo, esos siete segundos de caída quedaron como un recordatorio del poderío del Sol: nos recuerdan que, por más tecnología que desarrollemos, aún seguimos viviendo bajo su reglas.

