Climatología

El Niño está entre nosotros

En línea con los indicios que el monitoreo del sobrecalentamiento de las aguas del Pacífico venía sumando en los últimos meses, la Organización Meteorológica Mundial emitió un comunicado en el que advierte que el fenómeno climático, que ya se está desarrollando, puede alcanzar una intensidad mayor que la habitual. En nuestro país, a partir de agosto, aumenta la posibilidad de que ocurran eventos de precipitaciones extremas.

18 Ago 2026 POR

Los indicios de que El Niño se producirá finalmente este año y que tendrá una intensidad mayor que la habitual se acumularon en los últimos dos meses, y la Organización Meteorológica Mundial ya advirtió que el fenómeno influirá de manera determinante en las pautas climáticas globales ya desde agosto, aumentando la probabilidad de que se produzcan temperaturas superiores a lo normal en gran parte del mundo y cambios sustantivos en los patrones de precipitación, que afectarán a la Argentina.

Las temperaturas excepcionalmente elevadas de los océanos en todo el planeta y, particularmente, el calentamiento anómalo de las aguas en la superficie del Pacífico ecuatorial, donde se origina este evento climático, hacen prever que El Niño condicione fuertemente las variables meteorológicas en los próximos meses.

Los servicios de información climática que monitorean en tiempo real las fluctuaciones de temperatura en el Océano Pacífico venían alertando sobre la posibilidad de un “Superniño” para este año, con datos que empezaron a consolidarse a partir de julio, en el verano boreal, una vez superada la que los meteorólogos llaman la “barrera de predictibilidad de la primavera” del Hemisferio Norte, que impedía sacar conclusiones firmes.

Este evento se está desarrollando en un contexto de calor oceánico sin precedentes y de un aumento inédito de las temperaturas.

La OMM hizo un llamamiento a gobiernos, organismos humanitarios y sectores productivos sensibles al clima, como la agricultura, para que multipliquen las medidas de alerta temprana, y resguarden a las comunidades vulnerables contra los impactos de un fenómeno que se anuncia como extraordinario.

El último Global Seasonal Climate Update –el boletín que publica mensualmente el organismo de Naciones Unidas– afirma que el fenómeno ENSO (por las siglas en inglés de El Niño-Oscilación del Sur) seguirá creciendo de manera constante hasta convertirse en un evento de intensidad fuerte entre agosto y octubre. Según los pronósticos que elaboran en forma conjunta los más importantes centros de predicción climática, se prevé una anomalía media estacional de la temperatura en la superficie del mar de más de 2,9 °C en las regiones monitoreadas, fluyendo hacia las costas de Ecuador y Perú.

Marisol Osman. Fotografía: Luiza Cavalcante.

“El Niño ya no está a la vuelta de la esquina, sino que ha entrado en casa y ha subido la calefacción –alertó la semana pasada el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres–. Se está intensificando, echando más leña al fuego de un planeta en llamas, abrasado por sofocantes cúpulas de calor, incendios forestales apocalípticos y océanos excepcionalmente cálidos”.

“El Niño es uno de los fenómenos climáticos sujetos a un monitoreo más estrecho. Pero los pronósticos por sí solos no evitan los peligros, eso solo pueden hacerlo las personas. Este evento se está desarrollando en un contexto de calor oceánico sin precedentes y de un aumento inédito de las temperaturas. Gobiernos y comunidades tienen la oportunidad de anticipar riesgos y actuar antes de que se manifiesten sus impactos. Las decisiones que tomemos hoy determinarán las consecuencias que experimentaremos mañana”, sostuvo Celeste Saulo, exprofesora e investigadora de Exactas UBA, actualmente Secretaria General de la OMM.

“Hoy los modelos ven con más certeza que El Niño puede llegar a ser muy fuerte en nuestra primavera y en el comienzo del verano. De septiembre a diciembre es el momento del año en que su influencia es mayor en el Cono Sur, no por su mayor o menor intensidad sino porque es precisamente la época en que el clima extratrópicos favorece la influencia tropical”, explica Marisol Osman, investigadora del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA, UBA – CONICET), quien desde hace años estudia la variabilidad climática en el Hemisferio Sur, con el foco en la predictibilidad y el pronóstico del clima a escala estacional en Sudamérica.

La investigadora prefiere no utilizar la expresión “Superniño” o “Súper El Niño”, sino hablar de un evento de intensidad extrema, y afirma que “el monitoreo muestra que no sólo el océano está caliente, sino que desde mediados de junio la atmósfera respondió a ese calentamiento cambiando los patrones de viento y lluvia en esas zonas. En regiones alejadas, como la nuestra, los cambios en la atmósfera, en respuesta a lo que pasa en los trópicos, empezarán a reflejarse ahora. La influencia es indirecta, pero puede ser muy intensa”.

Es un hecho que El Niño condiciona la ocurrencia de más lluvias en el este del país, y es bueno prepararse. Las agencias estatales deben estar listas para actuar, y la población, informada.

“En la Argentina –señala Osman–, los eventos intensos de El Niño aumentan fuertemente las chances de tener más lluvias en el este del país, abarcando regiones más amplias. Pensemos que normalmente el Litoral argentino suele registrar más precipitaciones en primavera. Solemos decir, a modo de metáfora, que El Niño les construye una autopista a las tormentas a través de nuestro país, que pueden seguir eligiendo el camino de tierra, pero la autopista es muy tentadora”.

La experta del CIMA advierte que eventos puntuales de lluvias torrenciales como las que se produjeron hace una semana en la Cuenca del Plata no guardan, por supuesto, relación con El Niño. Las consecuencias concretas del fenómeno comenzarían a verse en las próximas semanas.

“Vi en estos días un spot de una provincia del Litoral mostrando la revisión que están haciendo de la infraestructura hídrica, las capacitaciones de defensa civil y otras tareas de prevención ante la perspectiva de un evento extremo. Creemos que ese es el enfoque que deben reforzar hoy provincias y municipios. Es un hecho que El Niño condiciona la ocurrencia de más lluvias en el este del país, y es bueno prepararse. Y complementar esas medidas con un seguimiento semanal de las condiciones climáticas, para identificar en el pronóstico a corto plazo los momentos que pueden estar asociados a eventos meteorológicos de gran intensidad, y que las agencias estatales estén listas para actuar, y la población, informada”.

El Niño ocurre con una frecuencia irregular, de entre 2 y 7 años, generando severas alteraciones climáticas: precipitaciones extremas y graves inundaciones en el sudeste de Sudamérica y, en otras regiones –África, Asia, Australia–, fuertes sequías y un sensible aumento de la temperatura. El último evento se registró en 2023-24, hace apenas tres años. Muchos expertos aseguran que es probable que el proceso de calentamiento global vaya a aumentar la frecuencia del fenómeno, aunque no su intensidad. Eventos muy extremos como los de 1982-83 y 1997-98 aún no volvieron a repetirse.

“Como ya se ha dicho –reitera Osman–, las condiciones que ocasionan El Niño no tienen relación con el cambio climático, pero este fenómeno se está desarrollando en un contexto de más calor y más humedad, y por lo tanto es esperable que pueda generar eventos particulares de precipitaciones mucho más severos”.

En efecto, el boletín de la OMM indica que, según las proyecciones de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos y el programa Copernicus, de la Unión Europea, 2026 podría estar entre los cinco años más cálidos desde que hay registros, y que si El Niño efectivamente presenta la intensidad que se pronostica, 2027 podría convertirse en el más caluroso de la historia.