Grupos de investigación

Fósiles bajo cero

laboratorios — por el 27/06/2014 a las 16:02

La geóloga Andrea Concheyro y su equipo descifran los cambios que sufrió la microbiota, recolectando y analizando microfósiles en la cuenca James Ross, en la península antártica. La comparación de las distintas formas de vida microscópica del pasado es sumamente importante para obtener información paleoclimática, paleoecológica y paleobiogeográfica.

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“La Antártida es un laboratorio natural, único y prístino”, afirma Andrea Concheyro sin ocultar su admiración por esas frías tierras. Investigar sin dañar el entorno y conocer más su territorio y características asociadas son el objetivo de esta geóloga, que dirige un grupo de investigación dedicado al estudio de microfósiles en la cuenca James Ross, al este de la península antártica. El trabajo del equipo de investigadores permitirá conocer los cambios que ha tenido la biota en los últimos 100 millones de años, y en particular, de los últimos 10 millones, momento en que se hace efectiva la glaciación antártica, que permanece hasta el día de hoy. “Comparar las diferentes formas de vida microscópica del pasado con las de otras regiones es sumamente importante para obtener información paleoclimática, paleoecológica y paleobiogeográfica”, sostiene Concheyro.

”Nuestro trabajo de investigación consiste en estudiar las asociaciones de microfósiles -fósiles de escasos milímetros o micrones- que provienen de organismos unicelulares, multicelulares o partes reproductivas de plantas. Son foraminíferos, nanofósiles calcáreos, ostrácodos y esporas o granos de polen hallados en rocas sedimentarias de grano fino”, explica la investigadora. Estas microbiotas estudiadas han vivido en la región austral, y con posterioridad a su muerte, han sido depositadas en ambientes marinos y continentales durante los últimos 100 millones de años. En función de su composición, los investigadores definen y acotan la edad de los depósitos que los contienen e intentan inferir algunos parámetros ecológicos de esos ambientes en el pasado, entre ellos salinidad, temperatura, cantidad de oxígeno, iluminación y tipo de sustrato. Si se trata de ambientes marinos oceánicos, también buscan conocer las características de la masa de agua cuando vivían los microorganismos; por ejemplo cantidad de nutrientes, probables fenómenos de surgencia, etcétera. En otras palabras, se trata de reconstruir la microbiota existente en la región de la Península Antártica en el Mesozoico y del Cenozoico. “Queremos caracterizarla y compararla con otras microbiotas de similar edad, pero provenientes de otras regiones australes, ya sea de otra regiones de la Antártida, del sur de América del Sur, Nueva Zelanda y de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico en altas latitudes”, dice Concheyro.

Las campañas antárticas se llevan a cabo entre los meses de enero y marzo. “Durante ese período prospectamos diferentes áreas de la isla James Ross que se encuentran libre de hielos y, en general, cercadas por dos o más glaciares. Trabajamos principalmente en la exploración del terreno, incluyendo relevamiento geológico y paleontológico y colección de material de estudio. Los días de buen tiempo, trabajamos en jornadas de más de 12 horas. Se toman muestras de rocas, posiblemente portadoras de microfósiles y se miden los espesores de los estratos, para volcar la información de campo en un diseño o perfil y localizar cada uno de los tipos de rocas en un mapa. Mientras realizamos estas tareas en el terreno, no sabemos aún las posibilidades de que nuestras muestras sean fértiles en microfósiles. Sólo cruzamos los dedos para que así sea”, relata Concheyro.

Las muestras coleccionadas son rotuladas y agrupadas por localidades y disciplina paleontológica a estudiar. Al regresar al continente, serán procesadas y analizadas en el laboratorio. “Esta tarea rutinaria nos puede deparar increíbles hallazgos en el terreno, sobre todo de megafósiles, ya sean invertebrados, vertebrados o plantas, como así también inmejorables hallazgos de microfósiles, pero que únicamente serán reconocidos una vez que se estudien  las muestras en Buenos Aires”, agrega.

Al regresar de Antártida, las muestras son procesadas según tratamientos físicos y químicos, para desagregar la roca y aislar los microfósiles que interesan estudiar.

Luego, mediante lupas binoculares, microscopios biológicos y microscopios petrográficos se realiza la búsqueda de estos microfósiles. Al ser hallados se procede a determinarlos taxonómicamente y compararlos con otros microfósiles provenientes de diferentes colecciones o mediante la bibliografía. Normalmente se ilustra la microbiota ya sea con fotografía  óptica o utilizando el microscopio electrónico de barrido del Centro de Microscopías avanzadas del Pabellón I o del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia. Cuando requieren estudios mineralógicos de los microfósiles o de alguna roca en particular, cuentan con el asesoramiento de una especialista en Mineralogía, profesora del departamento.

Con un conocimiento cierto de la asociación de microfósiles hallada, se comparan los resultados obtenidos con los diferentes grupos de microfósiles recuperados,  se define edad de los cuerpos de roca estudiados y se infieren condiciones paleoambientales. “Es algo similar a incorporar progresivamente los sonidos de varios instrumentos para ejecutar una gran sinfonía –compara Concheyro- con la diferencia que aquí incorporamos diferentes grupos de microfósiles y finalmente desciframos cómo fue el ambiente antártico hace una cierta cantidad de millones de años. Sin duda una maravillosa sinfonía que se va ejecutando progresivamente”.

 

Grupo de Micropaleontología y Bioestratigrafía del Mesozoico y Cenozoico de Antártida y altas latitudes

(Departamento de Ciencias Geológicas – IDEAN- CONICET – Instituto Antártico Argentino)

Laboratorios G44, 46 y 55. 1er piso, Pabellón II. Interno 286.
www.idean.gl.fcen.uba.ar

Dirección: Dra. Andrea Concheyro
Integrantes del grupo: Dra. Andrea Caramés, Dra. Cecilia Rodríguez Amenabar, Dra. Marina Lescano, Dra. Teresita Montenegro, Lic. Susana Adamonis y Dr. Juan Manuel Lirio.
Tesistas de grado: Alan Mackern.

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