Contaminación en aguas

Caracoles centinelas

actualidad — por el 21/10/2016 a las 12:51

Experimentos recientes llevados a cabo con ciertas especies nativas de moluscos determinaron que estos animales son capaces de detectar la presencia en el agua de algunos de los pesticidas que se usan en forma habitual en nuestro país.

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  • Chilina gibbosa, especie nativa de caracol.
  • Biomphalaria straminea, especie nativa de caracol.
  • Al ser expuesto a deshechos de hidrocarburos todo el cuerpo del caracol se puso completamente negro.
  • En el río Chimehuin se recogen los ejemplares de Chilina que luego son traídos hasta Ciudad Universitaria.

http://nexciencia.exactas.uba.ar/audio/GiselaKristoff.mp3
Descargar archivo MP3 de Gisela Kristoff

http://nexciencia.exactas.uba.ar/audio/GiselaKristoff2.mp3
Descargar archivo MP3 de Gisela Kristoff
Pequeños caracoles de agua dulce ¿pueden dar el grito de alerta ante la presencia de contaminantes acuáticos? Se trata de dos especies nativas: Chilina gibbosa y Biomphalaria straminea. A ambas, científicos de Exactas UBA las ponen a prueba, desde hace años, para saber si son sensibles a plaguicidas que habitualmente se usan en cultivos de la Argentina y que van a parar a distintos cursos de agua.

“Los resultados fueron muy buenos dado que estas dos especies reaccionaron distinto ante los pesticidas”, resume Gisela Kristoff, directora del Laboratorio de Ecotoxicología Acuática: Invertebrados Nativos (EAIN), y enseguida agrega: “Chilina resultó muy sensible a las concentraciones de los insecticidas utilizados, incluso en niveles más bajos de los permitidos. En la otra especie, Biomphalaria, observamos que hay una disminución de supervivencia de las crías. Esto demostraría que a largo plazo podría haber una merma de las poblaciones”.

En otras palabras, en una hubo un efecto casi instantáneo y, en la otra, las consecuencias se registraron luego de cierto tiempo. Esta disparidad de respuesta abre a los investigadores un amplio abanico para estudiar. Chilina, mostró una reacción aguda, inmediata y evidente a simple vista en los casos más extremos. “Toda la cabeza y el pie del caracol salen fuera de la concha, pierde la adherencia al sustrato, ya sea un recipiente o roca. No puede moverse, ni alimentarse”, describe.

Chilina alterada

Normalmente, Chilina habita cuerpos de aguas dulces patagónicas. Precisamente, para estos estudios, las muestras son tomadas por colegas de esa localidad, en un paraíso alejado de la contaminación, el río Chimehuin (libre de plaguicidas) en la cercanía de la ciudad neuquina de Junín de los Andes. Con sumo cuidado son enviados a la porteña Ciudad Universitaria, más precisamente al Departamento de Química Biológica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

Allí, el equipo de Kristoff, integrado por Paula Cossi, Lucía Herbert, Beverly Boburg, Claudio Cacciatore y Karina Bianco, entre otros, no pierde detalle de las reacciones de esta especie nativa a plaguicidas muy usados en la Argentina, como organofosforados y carbamatos, en concentraciones que habitualmente se hallan en el ambiente en distintos cursos de agua del país. Los experimentos son puestos en marcha enseguida. Los investigadores prueban, en laboratorio, cómo reaccionan estos caracoles ante distintas concentraciones de pesticidas similares a los que habían sido detectados en la zona de producción de frutas y verduras del Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

“En el caso de Chilina -como resultó tan sensible- fuimos bajando la concentración a los niveles actualmente permitidos en el agua para la protección de la vida acuática -que, por ejemplo, para el metilazinfos es 0,02 microgramos por litro-, e igual siguieron apareciendo efectos tóxicos”, relata Kristoff, que es doctora en Bioquímica e investigadora del CONICET. “Posiblemente, haya que replantearse los valores hoy autorizados”, resalta, a la vez que anticipa: “En el futuro queremos ver si siguen existiendo estos moluscos en esa zona del Alto Valle, en un trabajo que realizaremos en cooperación con científicos locales”.

Estos moluscos de 2 centímetros de largo no sólo quedan alterados en el momento de la exposición al tóxico sino que “tardan mucho tiempo en recuperarse”, añade.

Diferencias de reacción

Si bien Biomphalaria straminea es una especie nativa, muestra diferencias con Chilina gibosa, no sólo en las respuestas tóxicas, sino también en su aspecto. Su caparazón es un poco más redondeado en relación con la anterior, y mide alrededor de 0,5 cm. A este molusco es posible encontrarlo, no sólo, en la Patagonia, sino que se halla desperdigado en todo el país.

A la hora de ser expuesto a los contaminantes mostró diferente reacción. “No vimos signos tóxicos visibles tras someterlo catorce días a pesticidas organofosforados. Si bien resiste -destaca-, observamos que, a largo plazo, provoca un efecto en las defensas antioxidantes y en su descendencia”.

Por ahora, estas especies nativas de caracoles muestran resultados alentadores para avisar de la presencia de cierto tipo de plaguicidas. “Si bien hay que seguir estudiando, son promisorios organismos centinelas, especialmente la Chilina porque es muy sensible. Hablamos de sensibilidad cuando a bajas concentraciones de contaminantes, el organismo responde con efectos tóxicos”, concluye.

 

Efecto negro

“Toda la cabeza y pie del caracol se puso negra al exponerlo a hidrocarburos”, relata Gisela Kristoff, sobre el experimento realizado en estas especies nativas de moluscos en contacto con desechos petrolíferos.

Con nuevos experimentos por probar, Kristoff anticipa: “Estudiaremos otros pesticidas como los neonicotinoides, el glifosato y piretroides” para saber si estos organismos sirven como sistema de alerta de su presencia, o sea, si como buenos centinelas advierten del peligro”.

 

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