Vocación científica

¿Quién quiere ser investigador?

novedades — por el 15/12/2009 a las 18:23

Una encuesta nacional, respondida por 816 investigadores de todo el país, revela que los docentes y los libros son los factores más influyentes a la hora de decidir dedicarse a la investigación, tanto para quienes eligieron las ciencias naturales como para quienes optaron por las sociales o las humanidades. El trabajo también muestra que existen particularidades de acuerdo con el sexo, la edad y la disciplina.

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En una época en la que la identidad parece definirse primordialmente a través de la posesión de bienes materiales, resulta al menos curioso que el prestigio de la profesión científica se constituya en un factor de considerable influencia a la hora de definir la vocación por la investigación. Foto: Juan Pablo Vittori

 

Se viven tiempos en los que se coincide en que el desarrollo de una nación se sustenta en su capacidad para alcanzar un modelo productivo cimentado en el conocimiento y en los que se constata la escasa preferencia de los jóvenes por las carreras científicas.

En este contexto, un estudio efectuado por el Centro de Divulgación Científica (CDC) de la Facultadde Ciencias Exactas y Naturales de la Universidadde Buenos Aires, publicado en la prestigiosa revista Public Understanding of Science, echa luz sobre los elementos que intervienen en la decisión de emprender la carrera de investigador.

En general, la mayoría de los estudios destinados a identificar los factores que influyen en la elección vocacional se dedican a sondear las expectativas de quienes están por decidir su futuro próximo: jóvenes en edad escolar o estudiantes universitarios. A diferencia de esos estudios, el trabajo del CDC tiene la característica original de enfocarse en quienes ya tomaron esa decisión hace algún tiempo: los científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), institución que sostiene la carrera de investigador científico.

Mediante una encuesta, se consultó a 852 investigadores y becarios del CONICET, una muestra estadísticamente representativa del total de científicos que trabajan en ese organismo nacional a lo largo y ancho el país. Los resultados se analizaron en función del sexo y la edad de los investigadores, y el área del conocimiento en la cual ejercen sus tareas.

Al maestro con cariño

Las conclusiones obtenidas a través de este estudio nacional muestran que los factores que inciden en la vocación científica son múltiples. Sin embargo, algunos de ellos parecen tener mayor peso. Es el caso de los docentes, que ocupan el primer lugar en la escala de influencias.

Nada menos que el 86,5% de los científicos encuestados reconoce que un profesor de la escuela secundaria o de la universidad tuvo que ver de alguna manera con su decisión de dedicarse a la investigación. Es más, una de cada tres de las personas indagadas consignó que esa influencia ha sido “mucha”.

Ese primer lugar del podio no reconoce diferencias de género o edad: tanto los varones como las mujeres, y los más jóvenes como los más viejos, se inclinan mayoritariamente por el docente como el factor de influencia más importante en la elección vocacional. Y lo mismo ocurre si se considera la disciplina de trabajo. En este último caso, con una particularidad: los maestros tuvieron aún más peso sobre los investigadores de las ciencias sociales y las humanidades (CSH) que sobre los de las ciencias exactas y naturales (CEN).

No muerden

En su libro Los anticuerpos monoclonales, el Premio Nobel argentino Cesar Milstein cuenta que otro libro –Los cazadores de microbios de Paul de Kruif– influyó en su decisión de dedicarse a la investigación. De igual manera, los biógrafos de Bernardo Houssay refieren que su vocación por la fisiología, por la cual obtuvo el Nobel para nuestro país, se originó en la lectura de la Introducción a la Medicina Experimental de Claude Bernard.

A juzgar por los resultados del trabajo del CDC, parecería que estos dos casos no son excepcionales. De hecho, y sorpresivamente, la lectura de libros como factor vocacional para emprender la carrera de investigador ocupa el segundo lugar en la escala de influencias, superando en importancia al influjo del entorno familiar, que quedó relegado al tercer puesto. Aún más: para los investigadores de las CSH, el libro ha tenido un  significado vocacional muy similar al del docente.

Aunque la familia muestra un rol menos relevante, su influencia es muy similar para todos los grupos etarios. No ocurre lo mismo con los libros, cuyo efecto en la vocación se reduce a medida que disminuye la edad de los encuestados.

No obstante, los más jóvenes, particularmente los investigadores de las CEN, le asignan cada vez más importancia a los libros de divulgación, entre los que sobresale Cosmos, de Carl Sagan. Entretanto, quienes se desempeñan en el área de las CSH otorgan mayor valor vocacional a los libros de texto y a las enciclopedias.

También, los libros de ficción y las biografías cumplen un rol significativo en la elección de la carrera de investigador. Por cierto, hay quienes señalan que algunos textos de poesía o de mitología y ciertas obras infantiles les han dejado una marca vocacional indeleble.

Un dato curioso: según los resultados del estudio, los libros ejercen una mayor influencia en el género masculino que en el femenino. Por ejemplo, mientras uno de cada tres varones señala “mucha” incidencia de este factor, sólo una de cada cuatro mujeres afirma lo mismo. De hecho, para los caballeros, los libros poseen una importancia vocacional casi idéntica a la de los docentes.

Los medios y los fines

La lectura no sólo actúa como factor de influencia a través de los libros. Los artículos periodísticos y/o divulgativos que se publican en los diarios, pero sobre todo los de las revistas, también han demostrado que, aunque en menor medida, cumplen alguna función vocacional. Pero aquí ocurre lo contrario de lo que se observó en el caso de los libros: su influencia está creciendo en las generaciones más jóvenes.

Por otra parte, mientras las revistas han operado más significativamente sobre los investigadores de las CEN, los periódicos han influido más sobre los de las CSH.

En este espacio de los medios de comunicación, los productos audiovisuales –y muy especialmente los documentales– lucen como un recurso prometedor para despertar el deseo por la investigación. En efecto, el grado de influencia de los documentales se correlaciona en forma significativa con la edad del investigador, mostrando una importancia creciente en la medida en que se consideran los grupos etarios más jóvenes.

Si bien en los resultados de la encuesta la tecnología audiovisual no aparece como un factor vocacional importante, ello obedece al muy bajo influjo que otorgan los investigadores del grupo de mayor edad a estos productos, cuyo avance masivo se corresponde con épocas relativamente actuales.

Capital simbólico

En una época en la que la identidad parece definirse primordialmente a través de la posesión de bienes materiales, resulta al menos curioso que el prestigio de la profesión científica se constituya en un factor de considerable influencia a la hora de definir la vocación por la investigación. Efectivamente, casi siete de cada diez encuestados, sin diferencias por sexo, señalaron alguna influencia de este factor. Una rareza aún mayor es el hecho de que el influjo que ejerce la reputación del trabajo de investigador en la decisión vocacional se hace cada vez más fuerte en las generaciones más jóvenes.

Quizás, hoy se podría considerar también una extravagancia que alrededor de uno de cada veinte de los investigadores indagados haya manifestado que uno de los factores que motorizó su deseo por la investigación fue la necesidad de hacer alguna contribución a la sociedad.

Y ya que hablamos de curiosidades, la “curiosidad” ha sido señalada por uno de cada nueve encuestados como un elemento que determinó la elección de su profesión.

Por otra parte, según los resultados de la encuesta, el factor menos influyente a la hora de elegir la carrera de investigador, tanto para los varones como para las mujeres, es la posibilidad de encontrar en la investigación una salida laboral. En otras palabras, no es la búsqueda de un trabajo lo que prima a la hora de emprender esa carrera.

En definitiva, el estudio del CDC revela algunos datos curiosos –y otros que no lo son tanto– pero, en cualquier caso, brinda herramientas útiles para tener en cuenta si se quiere pensar en estimular el camino hacia la investigación y, en consecuencia, hacia la producción de conocimiento.

 

La divulgación en la lista

Los resultados de la encuesta nacional muestran que, en orden de importancia, el cuarto factor de influencia vocacional –después de los docentes, los libros y la familia– está constituido por las actividades de divulgación, que incluyen, por ejemplo, las visitas a museos, a laboratorios, a muestras interactivas, ferias y olimpíadas de ciencias, entre otras.

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